Maurcio Celedón

 

Mauricio Celedón

El gesto del silencio

Si la pantomima es el arte del silencio, hacer una entrevista a un mimo por teléfono no deja de ser algo anecdótico. Mauricio Celedón, fundador de la compañía franco chilena Teatro del Silencio y discípulo del gran maestro de la pantomima Marcel Marceau, aguarda al otro lado de la línea -en París- para hablar de la poética del silencio.

¿Qué le fascinó de la pantomima para dedicarse profesionalmente? Me atrajo la parte lúdica. Empecé a los 9 años, una tía mía me introdujo en la pantomima con Charles Chaplin, Buster Keaton, Jacques Tati y todos los grandes clowns de esa época dorada del cine y el teatro mudo.

Marceau afirmaba que "el arte del mimo es un grito desagarrado del alma entre el bien y el mal con la esperanza de que el bien sea mayoritario". ¿Cuál es para usted el arte de un mimo? El maestro Marceau también decía que "el arte del mimo era hacer visible lo invisible e invisible lo visible". Para mi ese arte consiste en hacer que los gestos se vuelven pensamiento frente al silencio. Eso sólo se logra con el estudio de una gramática corporal rigurosa, porque no se trata de gestos banales ni libres, sino  codificados.

Usted combina silencio y palabra en sus espectáculos ¿no rompe la reglas de la mímica? Marceau nunca habló en sus espectáculos, pero yo pienso que la palabra ayuda al silencio cuando se trabaja como poesía. Es un contrapunto que ayuda a describir el trabajo corporal y emocional del actor.

¿Hay algo que no se pueda expresar sin palabras? Emocionalmente todo se puede expresar sin palabras.

Estamos inmersos en una época donde impera el ruido ¿los silencios de un mimo se escuchan? Sí, porque todo este gran ruido que nos acompaña cotidianamente puede ser absorbido por el silencio. Entonces el silencio de un mimo se escucha como una respuesta.

¿Qué dicen sus silencios? Suelo partir de lo qué sucede a nuestro alrededor para hablar del comportamiento del hombre contemporáneo. Mis últimos espectáculos, basados en La Divina Comedia, cuestionan la relación de Dios y el hombre que nos a llevado a este desastre de guerras de religiones.

Fuera del escenario ¿es usted hablador? Sí, soy hablador.

¿Marceau era una persona silenciosa? Entre él y su arte no había diferencia, era un hombre que vivía en un estado poético de armonía consigo mismo y entregado al arte. Su vida era el arte de la pantomima, en pensamiento y palabras.

¿Alguna anécdota que recuerde con el maestro? Se trata de un secreto que mantuvimos durante tiempo. Yo trabajaba en la calle como mimo y no podía costearme los estudios en su escuela. Tras pasar el examen de audición, Marceau se acercó y me dijo que podía estudiar en su escuela gratuitamente, pero me pidió que no lo se contara a nadie.

www.teatrodelsilencio.net

Texto: Mónica Cuende Lozano / Foto: Raynaud de Lage

 

Mauricio Celedón