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Peter sellars. Ilustración Nuria Cuesta

 

Peter Sellars
A sueldo de la subversión

El controvertido director de teatro debuta en el Teatro Real con el doble programa Iolanta/Perséphone y repetirá con Ainadamar, que cerrará la primera temporada de Gerard Mortier en Madrid.

Era de esperar que Peter Sellars (Pittsburgh, EEUU, 1957) fuera convocado más pronto que tarde en el proyecto de "excelencia" del Teatro Real de Madrid. Su San Francisco de Asís en el primer año (1992) de Gerard Mortier como sucesor de Herbert von Karajan en el Festival de Salzburgo obró el milagro, argumental pero también social. Con aquella producción y con el abrazo de la viuda de Olivier Messiaen al final de la representación, Gerard Mortier se ganó el crédito de las instituciones y también el del receloso público austriaco.

De modo que cuando el director de escena norteamericano le hizo saber a Mortier que llevaba 20 años trabajando en dos óperas que, por distintas razones, no conseguía programar en ningún teatro, el gestor belga le dio carta blanca en su primera temporada de plenos poderes en Madrid. Ése es el origen de la nueva producción de Iolanta/Perséphone de Tchaikovsky/Stravinsky que llegará en enero a la cartelera. "Llevo un tiempo quitando capas a la cebolla", cuenta Sellars a El Duende, "buscando las esencias de Stravinsky más allá de sus campañas de promoción, de su fama de antirromántico y de sus enfrentamientos con Schönberg". Lo mismo ha hecho con la partitura de Iolanta de Tchaikovsky, "que contiene ya las esencias de su Sexta sinfonía, cuya profunda tristeza nos evoca el sufrimiento del compositor, que se pasó la vida reprimiendo sus sentimientos". Su idea, y la del maestro Teodor Currentzis que dirigirá a la Sinfónica de Madrid, es salvar las diferencias estéticas que separan a ambos compositores para poder poner el acento en la "fuerza emocional de dos obras íntimas y apasionantes. El Teatro Real es el lugar perfecto para unas partituras de estas características".

El experimento viene a demostrar que hay algo de Tchaikovsky en Perséphone y otro tanto de Stravinsky en Iolanta. A pesar de los 42 años que separan los nacimientos de ambos compositores, algunos biógrafos aseguran que un jovencísimo Stravinsky acudió, de la mano de su padre, al estreno de la Patética que dirigió el propio Tchaikovsky en 1893. No llegaron a conocerse personalmente, pero aquella explosión de dolor, nueve días antes de la muerte de Tchaikovsky, marcaría para siempre a Stravinsky.

En julio, Sellars volverá a Madrid para cerrar la temporada. Esta vez se ocupará de la puesta en escena de Ainadamar, primera ópera del compositor argentino Osvaldo Golijov, que ya montó en el Lincoln Center for the Performing Art de Nueva York en 2006. Ainadamar, que en árabe quiere decir fuente de lágrimas y hace alusión al lugar en Granada donde fue fusilado Federico García Lorca, cuenta de manera onírica la historia del poeta a través de los recuerdos de su actriz y musa Margarita Xirgu. "Se trata de un tributo a la memoria colectiva de Lorca, cuyo legado no conoce fronteras". El montaje se anuncia libre de injerencias tecnológicas. Para articular el flashback que articula la obra, Sellars trabajará junto al pintor y escenógrafo californiano Gronk: "Uno de los máximos exponentes de la vanguardia norteamericana".

Asegura, el que fuera director del American National Theater, que en estos momentos la ópera no puede ser opulenta ni extravagante. "Ya no es tolerable que la gente se pueda llevar la impresión de que se está derrochando a costa de una idea. Todo el equipo del Teatro Real ha sufrido recortes durante el último año. Por lo tanto, la simplicidad es esencial. Los artistas tenemos la obligación de optimizar los recursos, de ser más imaginativos y de emplear elementos poderosos, elocuentes, directos y, sí, baratos. Si algo he podido aprender de Mortier es que dos y dos pueden ser cuatro, pero también veintidós".

El joven director Alejo Pérez será el encargado de recuperar la energía de las músicas olvidadas a las que hace referencia Ainadamar. "Como ocurre con el catálogo de Bartok y Stravinsky, Golijov remite a los sonidos étnicos que fueron erradicados de Europa durante el nazismo". Y asegura que no buscará el aplauso, ni siquiera satisfacer las expectativas de una sala previsiblemente más sensible al libreto. "Lo mejor del público del siglo XXI es que ya no es público. Ha dejado de ser un masa consistente y previsible. Eso es maravilloso. Porque ahora de lo que se trata no es de convencer sino de involucrar. En mi sueldo está remover las conciencias".

Texto: Manuel Dallo. Ilustración: Nuria Cuesta.

Dir. de escena Peter Sellars en Iolanta/ Perséphone, del 14 al 29 de enero y Ainadamar, del 8 al 22 de julio; ambas en el  Teatro Real de Madrid.

 

Peter Sellars: A sueldo de la subversión