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Wozzeck, de Alban Berg © Christian Leiber / Opéra de Par

Gerard Mortier
Más allá del rebaño

Ha estado Gerard Mortier practicando todo el verano con el modo subjuntivo, debatiéndose entre lo posible, lo probable, lo hipotético, lo temido y lo necesario en una cabaña con vistas al Mar del Norte. La delicada situación del Teatro Real no le ha impedido, sin embargo, programar hasta seis nuevas producciones (todo un récord en Madrid) para esta temporada. Boris Godunov de Musorgski ha inaugurado el curso y la taquilla, que ya ha empezado a sufrir los estragos del nuevo IVA: “Esta desproporcionada medida del Gobierno le va a costar al Teatro Real dos millones de euros, el equivalente a cuatro producciones”, se lamenta el gestor belga en su cita con El Duende.

Ha perdido Mortier 1.700 abonados y ganado 2.000, confiando en que el relevo generacional le ayudará a combatir “el déficit democrático” y a refundar el teatro como lugar político. Sobre todo tras el polémico estreno de C(h)oeurs. “Recuerdo la expresión dictatorial de algunas señoras después de ver las pancartas del 15-M. El público madrileño está acostumbrado a atacar cuando algo no le gusta. Y eso tiene que cambiar”. El primer plato fuerte llegará en abril con el devastador Così fan tutte de Michael Haneke, “camarada generacional” del gestor belga. “Los dos observamos la sociedad y nos hacemos la misma pregunta: ¿Qué es lo que hemos hecho mal?”. La segunda cita importante correrá a cargo del compositor norteamericano Philip Glass, que ha puesto música a la novela The Perfect American, de Peter Stephan Jungk, sobre los últimos meses de vida de Walt Disney. “Tuvo una vida mediocre, pero fue una de las personas que más ha influido en los sueños de los niños y en el mundo del consumo”.

Mozart, con tres óperas, será otro de los protagonistas de un curso dedicado a los bicentenarios de Wagner (con un Parsifal en versión de Thomas Hengelbrock) y Verdi (con Violeta Urmana como Lady Macbeth). El director de escena ruso Dmitri Tcherniakov se ocupará de un intenso y contemporizado Don Giovanni, con Alejo Pérez en el foso de la Sinfónica de Madrid y Ainhoa Arteta en su debut como Doña Elvira. “Si tuviera que salvar una sola partitura de las llamas, sería sin duda esta ópera de Mozart...”. A pesar de su alergia a Puccini, Mortier ha programado Suor Angelica, que se representará fusionada con Il prigioniero de Dallapiccola en un concepto musical que “reflexiona sobre el prisionero político y el prisionero moral”. Volverá Riccardo Muti con la Orquesta Giovanile Luigi Cherubini para recuperar La rappresaglia de Mercadante. Carta blanca otro año más para Plácido Domingo, que se metamorfoseará en Neruda, protagonista de Il postino de Daniel Catán, ópera inspirada en Ardiente paciencia de Antonio Skármeta. En junio, el Wozzeck de Christoph Marthaler saldará la cuota de música del siglo XX.

Se queja Mortier de tener “menos presupuesto que la pequeña Ópera de Gelsenkirchen”, pero confía en que la psicosis presupuestaria no impida materializar los encargos a compositores españoles (Elena Mendoza, Mauricio Sotelo y Alberto Posadas) las próximas temporadas. La consigna seguirá siendo la misma: materiales resistentes y montajes rompedores que atraigan a la prensa internacional y permitan girar las producciones. “Lo mínimo que se gastaba el Teatro en alquilar un montaje eran 300.000 €, que es el presupuesto máximo que manejo para nuevas producciones. Ahora hay ideas, más concepto, y menos tramoya”. Como cuenta pendiente, el malogrado intento de estrechar lazos con teatros latinoamericanos. “Ha sido un fracaso, lo reconozco. Me ilusioné con la idea de trabajar con el Teatro de la Plata o el Palacio de Bellas de México. Pero no ha podido ser. No hay dinero”. Tampoco ha conseguido convencer a Pedro Almodóvar para un Falstaff. “Estoy seguro de que terminará mordiendo el anzuelo”.

Hijo de un panadero de Gante y aspirante a jesuita en su juventud, a sus 69 años Mortier se considera “un solitario muy acompañado”. Se refiere a los personajes de Guerra y Paz de Tolstói, que acaba de releer, y a sus innumerables amistades. “Lo que más valoro en esta vida es una buena conversación. Creo en el amor espiritual...”. Si todo va bien se despedirá en 2016 con un montaje de Los maestros cantores de Núremberg de Wagner, que aborda el eterno conflicto entre la tradición académica y los nuevos lenguajes artísticos. “Quizá tengan razón los que dicen que, más que un lobo con piel de cordero, yo soy un cordero con piel de lobo”.

Texto: Manuel Dallo. Foto: Wozzeck, de Alban Berg. Se presentará en el Teatro Real entre los días 3 y 20 de junio de 2013 © Christian Leiber / Opéra de Paris.

Gerard Mortier: Más allá del rebaño