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Harry Dean Stanton en Lucky
Harry Dean Stanton en Lucky

Lucky. Una película modesta, frágil y a la vez recia como su protagonista, el genuino Harry Dean Stanton.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, la fruta y verdura frescas, los pescados de lonja y las carnes al corte para paladares exquisitos, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida después de haber llenado el carro de la compra

Dicen que La Boqueria es el mejor mercado del mundo. No solo por los 500 años de historia que arrastra este lugar de culto en el corazón de Las Ramblas, ni por el hecho de que si ellos no lo tienen es que no existe, ni siquiera por su papel de catalizador en el boom gastronómico que ha vivido la cocina en las dos últimas décadas...

Ya en sus tres álbumes previos, la banda Egon Soda, uno de los versos más libres del rock español, había cargado las canciones de contenido social y ambición literaria. Ahora, redoblan el voltaje en lo primero, El rojo y el negro del título no va por Stendhal

Sidecars es lo contrario a producto industrial. La evolución de Gerbass, Juancho y Ruly tiene bastante más que ver con barro, insomnio y carretera que con una estrategia trazada en hojas de excel. Por eso su público - tan auténtico como sus botas Chelsea- ha conseguido que la banda de Alameda de Osuna cuelgue 'Sold Out' hasta cuatro veces en La Riviera

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A la deriva con Ai Weiwei
 
 
Dos reporteras del 'Deutsche Welle' siguen los pasos de Ai Weiwei por Lesbos, Idomeni, Gaza y otros puntos calientes de la crisis de refugiados. El resultado es un documental, A la deriva, que sirve de relato transmedia a la mayor catástrofe de nuestro tiempo. 
 
Un joven refugiado llega exhausto a las playas de Lesbos y allí, sobre la misma orilla, alguien le pregunta cómo se siente. No imagina que su interlocutor es Ai Weiwei, el artista más poderoso e influyente del planeta, también el más controvertido y cuestionado. El activista chino preparaba entonces un proyecto sobre los refugiados que culminaría en un documental (Human Flow, que se estrena este verano) y una instalación artística que cubrió las columnas de la Konzerthaus de Berlín con 14.000 chalecos salvavidas. En su viaje por el mundo le acompañaron Eva Mehl y Bettina Kolb, dos periodistas del Deutsche Welle. Durante más de un año, las reporteras grabaron con sus cámaras a Ai Weiwei observando el mundo a través de la suya. El resultado es otro documental, A la deriva, que sirve de relato transmedia al fenómeno de los refugiados
 
Eva Mehl vivió un par de años en Beijing, donde pudo entrevistar a Ai Weiwei en varias ocasiones. 'Cuando la ciudad se estaba preparando para los Juegos Olímpicos, Weiwei fue una de las pocas voces críticas contra el gobierno', cuenta la periodista. 'Tuve la oportunidad de conocer desde dentro el proceso artístico de su estudio y documentar el montaje de su famosa exposición de Múnich, pero siempre mantuve una distancia prudencial'.
 
Nada que ver con el nuevo documental, en el que las reporteras alemanas se convierten en la sombra del artista. 'Más que arriesgado, me lo tomé como un proyecto impredecible. Es imposible planificar un día con Ai Weiwei. Así que optamos por un método de trabaja que combinara organización, flexibilidad y paciencia. Él se mostró siempre muy abierto y dispuesto a colaborar'. 
 
Con sus imágenes y entrevistas a los refugiados, pero sobre todo con su presencia ante las cámaras, Ai Weiwei quiere llamar la atención sobre lo que considera una de las mayores catástrofes de nuestro tiempo. 'Su vida ha estado marcada por el desarraigo del exiliop, explica Bettina Kolb. 'Su padre, el famoso poeta Ai Qing, fue enviado a un campo de trabajo cerca del desierto del Gobi por el régimen de Mao el mismo año en que nació. En 1981 se trasladó a Nueva York, donde vivió otros doce años como exiliado. Y ahora vive un nuevo exilio como residente en Berlín'.  En 2011 el Gobierno chino le retiró el pasaporte y le acusó de evadir impuestos. Como consecuencia, Ai Weiwei permaneció 81 días encerrado en una celda bajo la atenta mirada de dos soldados. 'Desde entonces teme por la seguridad de su familia y por la suya propia'. 
 
A la deriva recoge el momento en que Ai Weiwei regresa a Beijing después de varios meses para reencontrarse con su madre. 'Fue un día de verano extremadamente caluroso', recuerda Mehl. 'Su madre, emocionada por ver a su hijo después de tanto tiempo, se mostró muy amable'. Les ofreció agua, fruta y albóndigas chinas. 'Me pregunté si la cámara estaría arrebatándoles un pedazo de su intimidad, pero nos hicieron sentir tan cómodos y partícipes que no dejamos de grabar…'.
 
En un rapto de espontaneidad, la madre llega incluso a sermonear a su hijo frente a la cámara. '¿Como has podido cambiar tanto?', le espeta. 'Antes eras un chico guapo, dulce y bien vestido. Ahora llevas cualquier cosa sacada de la basura'. Como preámbulo a la despedida, la madre le hace prometer que seguirá visitando China, al menos mientras ella viva. 'Claro, mamá', responde el artista. 'Quién podría impedírmelo'. 
 
Más allá del valor testimonial del trabajo de Ai Weiwei, que recoge todo tipo de objetos para exhibirlos después en una galería de Nueva York, la retina del espectador se resiente en varios momentos del documental. Sobre todo, cuando el artista chino manda instalar un piano blanco en mitad de un campo de refugiados. Ante la presión de las cámaras, la niña que debe tocarlo se queda bloqueada y sin saber qué hacer mientras Ai Weiwei trata de persuadirla. 'Me ha costado tanto traerlo…'. No menos polémica es la recreación que el propio artista hace del cadáver de Aylan Kurdi, el niño sirio que apareció en una playa de Turquía para convertirse en símbolo del drama de los refugiados. 'Nuestro documental no pretende juzgar a nadie', asevera Mehl. 'Queremos que sean los espectadores quienes saquen sus propias conclusiones'.  
 

A la deriva con Ai Wei Wei