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Harry Dean Stanton en Lucky
Harry Dean Stanton en Lucky

Lucky. Una película modesta, frágil y a la vez recia como su protagonista, el genuino Harry Dean Stanton.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, la fruta y verdura frescas, los pescados de lonja y las carnes al corte para paladares exquisitos, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida después de haber llenado el carro de la compra

Dicen que La Boqueria es el mejor mercado del mundo. No solo por los 500 años de historia que arrastra este lugar de culto en el corazón de Las Ramblas, ni por el hecho de que si ellos no lo tienen es que no existe, ni siquiera por su papel de catalizador en el boom gastronómico que ha vivido la cocina en las dos últimas décadas...

Ya en sus tres álbumes previos, la banda Egon Soda, uno de los versos más libres del rock español, había cargado las canciones de contenido social y ambición literaria. Ahora, redoblan el voltaje en lo primero, El rojo y el negro del título no va por Stendhal

Sidecars es lo contrario a producto industrial. La evolución de Gerbass, Juancho y Ruly tiene bastante más que ver con barro, insomnio y carretera que con una estrategia trazada en hojas de excel. Por eso su público - tan auténtico como sus botas Chelsea- ha conseguido que la banda de Alameda de Osuna cuelgue 'Sold Out' hasta cuatro veces en La Riviera

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Bodas de Sangre más contemporáneas
Entrevista a Pablo Messiez
Por Raúl Losánez
 
Verbo seleccionado 100% lorquiano bien limpio y depurado con una pizca de humor
Equipo necesario Sólido elenco y equipo artístico de primer nivel.
Tiempo de preparación Varios meses para preparar la producción y 45 días de ensayos.
Puesta en plato. Hasta el 10 de diciembre en el Teatro María Guerrero
 
Nacido en Buenos Aires y aupado en los últimos años a la elite de la cocina teatral más prestigiosa, este chef de los escenarios decidió instalarse en España hace ya casi una década, tras una gira en la que estuvo trabajando a las órdenes de su paisano Daniel Veronese, para ofrecer aquí sus propias creaciones.
 
En este tiempo, el público ha podido paladear sus trabajos más personales –Muda, Los ojos o la más reciente y aclamada Todo el tiempo del mundo- junto a otras reelaboraciones a partir de materiales ajenos –Las Criadas, de Jean Genet; La distancia, de Samanta Schweblin, o la premiada La piedra oscura, de Alberto Conejero, que se llevó cinco galardones en los premios Max, entre otros el de la mejor dirección para el propio Messiez.
 

Ahora, fiel a su personal estilo, ha acometido en el Centro Dramático Nacional la difícil tarea de presentar Bodas de sangre, de Federico García Lorca, bajo un aspecto más contemporáneo, con ingredientes menos autóctonos y más internacionales; pero sin renunciar a su verdadera esencia.
 
Bodas de sangre es una tragedia muy racial que siempre ha sido vista desde un ángulo muy español. ¿Cree que realmente soporta este trasvase? Sí, claro que sí. Lorca es un autor universal. Yo no soy andaluz, ni pretendo hacerme el andaluz. Siempre trabajo sobre lo que conozco y, viendo el material, me di cuenta que había muchos ingredientes que estaban ya en la función, pero que el tiempo ha ido dejando más apartados.
 
¿Y cuáles son esos ingredientes? Por ejemplo, el color y el humor. No me he inventado el humor en esta función; yo lo veo muy claramente en algunos diálogos escritos por Lorca.
 
¿Resulta muy laborioso elaborar este atípico menú lorquiano? Siempre es laborioso trabajar con un autor grande. El tiempo en este caso, al tratarse de una producción para un teatro público como el María Guerrero, está determinado por los plazos que el propio Centro Dramático Nacional te marca; pero, afortunadamente, yo me he metido en la cocina a trabajar con un equipo artístico y técnico maravilloso, así que el tiempo no ha sido un obstáculo.
 
¿Asusta trabajar con un autor como Lorca y con una obra como Bodas de sangre, para los cuales todo espectador tiene ya casi en mente su propia receta? Yo creo que hay que trabajar sin miedo, pero con mucho respeto. Uno debe dialogar permanentemente en la cocina con ese autor, y al mismo tiempo olvidarse un poco de otros diálogos que ese autor ha establecido anteriormente con otros directores. Me parece que esa es la manera de relacionarse con los clásicos: mirarlos frente a frente sabiendo por qué quieres echar mano de ellos aquí y ahora. Es tratar a Lorca simplemente como un contemporáneo, porque en definitiva lo es.
 
Y, en ese diálogo, ¿nunca le regañan estos clásicos por retocar aquí o allá lo que ellos ya han elaborado previamente? No, porque en realidad lo que haces es presentar su obra de otra manera un poquito distinta, más acorde al paladar de hoy. Y te sirves de lo que también es suyo y forma parte de él. Aquí hay algunos poemas y pequeños fragmentos de otras obras que obviamente son suyos. 
 
Cuando cocina sus propias obras, ¿lo hace con otros productos e ingredientes muy diferentes? En realidad siempre son los mismos: unos buenos actores y un buen equipo.  

Las Bodas de Sangre más contemporáneas