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Harry Dean Stanton en Lucky
Harry Dean Stanton en Lucky

Lucky. Una película modesta, frágil y a la vez recia como su protagonista, el genuino Harry Dean Stanton.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, la fruta y verdura frescas, los pescados de lonja y las carnes al corte para paladares exquisitos, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida después de haber llenado el carro de la compra

Dicen que La Boqueria es el mejor mercado del mundo. No solo por los 500 años de historia que arrastra este lugar de culto en el corazón de Las Ramblas, ni por el hecho de que si ellos no lo tienen es que no existe, ni siquiera por su papel de catalizador en el boom gastronómico que ha vivido la cocina en las dos últimas décadas...

Ya en sus tres álbumes previos, la banda Egon Soda, uno de los versos más libres del rock español, había cargado las canciones de contenido social y ambición literaria. Ahora, redoblan el voltaje en lo primero, El rojo y el negro del título no va por Stendhal

Sidecars es lo contrario a producto industrial. La evolución de Gerbass, Juancho y Ruly tiene bastante más que ver con barro, insomnio y carretera que con una estrategia trazada en hojas de excel. Por eso su público - tan auténtico como sus botas Chelsea- ha conseguido que la banda de Alameda de Osuna cuelgue 'Sold Out' hasta cuatro veces en La Riviera

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Vivir entre apps
Rosa Jiménez Cano

Por Paloma F. Fidalgo
 
Es la meca del siglo XXI, donde se marcan los nuevos paradigmas socioeconómicos a golpe de gadget. Tan apasionante es vivirlo como contarlo. Rosa Jiménez Cano, periodista especializada en tecnología desde el inicio de su carrera, lleva dos años como corresponsal en Silicon Valley de El País. 'Aparentemente, es como cualquier lugar', advierte, pero 'casi todo funciona por apps', y solo se habla de 'tecnología, ideas y posibles negocios'. 
 
Dicen que vivir en Silicon Valley es como vivir en el mañana. ¿Qué nos depara el futuro? Es muy curioso, porque todo es muy contradictorio. Por un lado, el coche sin conductor se ve cerca, pero hay una tendencia que promueve criar a los niños sin pantallas. En general, hay mucho inculto con gran poder por sus conocimientos tecnológicos. Cuando se dan cuenta, lo corrigen y ahora tratan de volver a las Humanidades. Tiene sentido porque sí parece que las interfaces conversacionales van a tener un papel importante. No sé si suplirán a las pantallas, quizá tengamos versiones combinadas de voz y pantalla. 
 
¿Seguiremos tan apegados a las redes sociales? Sí, yo creo que sí, pero con espacios de desintoxicación o de manera más suave. Creo que ya están en todo, son transversales y útiles, pero hay que saber usarlas. 
 
Cerca del 70% de las start-up que se ubican en Silicon Valley no triunfa en su primer año, pero tampoco desaparece. ¿Se acepta con más naturalidad el fracaso? Sí, hay una red de soporte. Hay un ecosistema que absorbe. O mueres, o sales a bolsa o te come un pez más grande (te compra). Pero todo es más dinámico. Algunas no necesitan despegar, sino ofrecer una solución. No todo está orientado a ser nuestra app en el móvil o un servicio para el consumidor final, sino a solucionar problemas que puedan tener otros servicios o empresas.
 
¿Lo tienen más fácil para despuntar las start-up estadounidenses? No es tanto la nacionalidad como el contexto. En parte, tiene sentido. El dinero no se regala. Es inversión de capital riesgo. Asumen que gran parte se puede perder, pero tampoco es que lo tiren, esperan un gran retorno. Los emprendedores con patentes, con modelos escalables, con mucha tracción o una gran bolsa de clientes, tiene más posibilidades. También importa la escuela de la que vengan o cómo esté formado el equipo. Otro factor tiene que ver con la experiencia previa, si fueron del equipo inicial de alguna start-up anterior. En resumen, o encajar bien o formar parte del ecosistema. 
 
Quizá acabes mimetizándote con el ambiente y montando tu propia start-up… A veces pienso que, como sucedió con la fiebre del oro de mediados del siglo XIX, los que se hacen ricos son los que ofrecen servicios para toda esta nueva locura. Entonces fueron los vendedores de vaqueros (Levi’s) y los que ofrecían palas. Tendríamos que pensar en algo así. 
 
¿Sigue siendo fácil encontrar trabajo por ahí? Mi visado es de corresponsal extranjero. Sí percibo que hay gran demanda de ingenieros, los programadores de aquí, que no necesariamente tienen una formación clásica, sino que saben programar y resolver problemas.
 
¿Cómo es la jornada laboral en Silicon Valley? ¿Trabajan sin parar? Depende. En el mundo corporate quizá está todo más reglado, pero en las start-up se trabaja mucho. Se ponen metas y no paran. Eso sí, la mayor parte de los empleados tienen acciones de la empresa y se involucran. Si va bien, les va a ir bien a todos.
 
Vivir en Silicon Valley, ¿es tan caro como dicen? Sí, lo es. Y hace complicado pensar en estar aquí a largo plazo. Mucha gente pasa un tiempo y después se establece en otro lugar. 
 
¿Qué gadgets no te faltan cuando sales a la calle? Me encanta probar de todo. El último que me tiene enganchada por la cámara y la batería es el Mate 10 de Huawei. Y confieso que adoro mi fitbit alta HR.
 
¿Qué cosas echas de menos de España? La forma de relacionarse es diferente. Aquí se planifica, no se llama a un amigo para toma una caña. Esa frescura y esas relaciones por amistad, sin intereses, aquí se dan menos. En realidad, echo muchísimo de menos lo básico, los afectos de familia y amigos. Y el jamón, claro, que lo hay, pero el precio es prohibitivo.
 
¿Cómo es informar de tecnología en un medio generalista como El País? Es un equilibrio. A veces es complicado explicar internamente por qué algo que ves tan claro es importante. Y a veces sucede al contrario, ellos te piden algo que a ti no te llamaba la atención. Es bonito porque te obliga a hacer que no sea un conocimiento técnico o lejano, sino pensado para todo el mundo.  
 
Las startup favoritas de Rosa
 
ShypPara  nuestras compras online nace Shyp, una startup de logística que emergió en 2014 y fue conquistando primero a pequeños comerciantes e integrantes eBay, y después, a una nutrida cantidad de consumidores. Su fuerte, la capacidad para facilitar todos los pasos e implicaciones de un envío: recoger los artículos en casa cuando somos los emisores, empaquetarlos y trasladarlos a su destino. Todo, a precios competitivos. Aunque prometieron servicios de recogida en 20 minutos, aún es una asignatura pendiente. 
 
PlatziFreddy Vega y Christian Van Der Henst sumaron sus ahorros, experiencias profesionales y ganas de innovar para crear esta comunidad educativa, hoy líder en Iberoamérica con más de 400.000 estudiantes. Cerca de 200 tutoriales y lecciones interactivas organizados en cuatro áreas: programación, marketing, diseño y negocios. Se puede contratar una suscripción anual. 
 
NextbioticsAngie Carrillo, Jorge Bardales y Maricel Saenz han creado esta startup de investigación para acabar con nuestra creciente resistencia a los antibióticos (cada año se dan más de 220.000 casos que no responden a tratamientos), de una sorprendente manera: creando virus. En el laboratorio, se estudia la bacteria que se persigue atacar para medir su resistencia. Después, se crea el virus, cuyo genoma se modifica y se lanza al mercado como un medicamento.
 
The Venture City. Talento español en esta aceleradora de startup fundada por Laura González-Estéfani. El proyecto combina la labor como incubadora con la aceleración de empresas, y nace con vocación internacional: su sede se sitúa en Miami Beach, pero con oficinas en Madrid y San Francisco, con la intención de operar en más ciudades en 2020. Ya alberga 17 empresas emergentes, como Boatsetter, The Fastmind y RecargaPay. 
 
MatternetLa dominicana Paola Santana es cofundadora y directora operativa de esta compañía que está desarrollando el primer dron comercial exclusivamente diseñado para el transporte, como solución para descongestionar las ciudades y mejorar los servicios a comunidades aisladas. Por ahora, esta combinación de hardware y software es capaz de llevar cargas de hasta dos kilos en distancias de unos 20 kilómetros. Ya se ha puesto a prueba en zonas rurales de países como Haití, República Dominicana, Bután o Papúa Nueva Guinea.   

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