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Harry Dean Stanton en Lucky
Harry Dean Stanton en Lucky

Lucky. Una película modesta, frágil y a la vez recia como su protagonista, el genuino Harry Dean Stanton.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, la fruta y verdura frescas, los pescados de lonja y las carnes al corte para paladares exquisitos, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida después de haber llenado el carro de la compra

Dicen que La Boqueria es el mejor mercado del mundo. No solo por los 500 años de historia que arrastra este lugar de culto en el corazón de Las Ramblas, ni por el hecho de que si ellos no lo tienen es que no existe, ni siquiera por su papel de catalizador en el boom gastronómico que ha vivido la cocina en las dos últimas décadas...

Ya en sus tres álbumes previos, la banda Egon Soda, uno de los versos más libres del rock español, había cargado las canciones de contenido social y ambición literaria. Ahora, redoblan el voltaje en lo primero, El rojo y el negro del título no va por Stendhal

Sidecars es lo contrario a producto industrial. La evolución de Gerbass, Juancho y Ruly tiene bastante más que ver con barro, insomnio y carretera que con una estrategia trazada en hojas de excel. Por eso su público - tan auténtico como sus botas Chelsea- ha conseguido que la banda de Alameda de Osuna cuelgue 'Sold Out' hasta cuatro veces en La Riviera

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Capturar el cielo
 
Por Bárbara Vidal 
 
Solimán López (Burgos, 1981) es media artist, fundador del Harddiskmuseum y director de I+D+i en ESAT (ESAT LAB), además de coleccionista de azules y padre de la obra CELESTE. CELESTE es una baliza, un sistema que mira al cielo abierto y recoge imágenes de él, las envía a un servidor y éste devuelve una toma de tres colores. Con esos tonos, un algoritmo diseñado por Solimán genera un nuevo paisaje a través de degradados. Cada minuto, emerge uno nuevo. Ya ha capturados azules en Valencia, París y Londres. 
 
'CELESTE habla de lo imposible humano. De la incapacidad de comprender lo que nos rodea porque, definitivamente, no estamos preparados fisiológicamente para ello. En nuestra codificación genética dejaron esa casilla sin rellenar, para que no fuéramos más listos que nuestros creadores', comenta. Su misión tiene un sentido más poético que estético: 'La pieza registra un cielo minuto a minuto para convertirlo en una metáfora digital, donde el color es la poesía visual que nos indica el estado de las cosas, si está nublado, si llueve, si hace frío, si es de día o de noche...'.
 
La obra está inspirada en los impresionistas y los románticos (Friedrich, Turner…), en su voluntad por captar los ambientes lumínicos, los instantes de luz y color y su cambio constante. Porque, ¿se puede llegar al alma con un lenguaje digital?: 'Una vez que has interiorizado de manera profunda este lenguaje, viendo el código alfanumérico en vez del 'azul Klein' (#002fa7) o los tonos RGB en un amanecer, es cuando surge mentalmente la poesía, en este caso asignada al lenguaje digital y las nuevas tecnologías. Mantener una mirada infantil ante los avances tecnológicos y cuestionarse cómo son construidos es una gran fuente de riqueza conceptual y creativa que nos ayuda a entender de qué están hechas las cosas, de qué estamos hechos nosotros, de código, al fin y al cabo'. 
 
¿Un artista venido del futuro o es que ya estamos en este?: Siempre se ha dicho que el arte tiene una mirada fija puesta en lo que vendrá, pero hoy esa es una mirada en tiempo real, vinculada más que nunca con el presente, y cuando disfrutamos de lo que entendemos que es nuevo, rápidamente emerge esa 'actualización' del sistema que nos sorprende. Lo importante no es sentirse hoy en día un artista de futuro, si no pensar que en el futuro todo es posible, como ya se ha venido a demostrar en muchas ocasiones.
 
¿Estamos en el futuro del arte? Verdaderamente no, todavía el arte está muy anclado a las vanguardias y esa mirada tan matérica de la producción artística deja de lado algunas producciones no tan visualmente evidentes. En cualquier caso, lo que está claro es que el futuro es la luz. De pantalla, de holograma, de lente de realidad virtual o de imagen cerebral proyectada por nuestra retina digitalizada. El futuro nos deparará muchas y grandes cosas y nos está generando una responsabilidad añadida. Ahora mismo es más importante configurarse como un ciudadano de futuro que como un artista. Nuestra figura, como 'intelectuales' radica en darle sentido a toda esa tecnología para construir un futuro amigable y no armas autómatas”.   

¿Es posible capturar el cielo?