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Un joven chapero que basa sus días en conseguir algo de dinero vendiendo su cuerpo, deambular por las calles, y buscar el afecto en los cuerpos de sus clientes y de sus compañeros.

Río Babel llega a su tercera edición, del 4 al 6 de julio en IFEMA.

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Exposición

INÉDITO MASATS

Con motivo de su 88 cumpleaños, la Galería Blanca Berlín dedica un homenaje a Ramón Masats (Caldas de Montbui, 1931), sacando a la luz en primicia una colección de fotografías inéditas encontradas recientemente en su estudio. Entre las más de un centenar de imágenes descubiertas, existen negativos y copias vintage, muchos de ellos descartados en la rigurosa edición que realizaba el autor al presentar sus trabajos de encargo en las redacciones editoriales para las que trabajaba en los años sesenta, década a la que pertenecen casi todas estas fotografías.

RAMÓN MASATS por Publio López Mondéjar

En 1957, a sus 26 años, llega Ramón Masats a Madrid para dedicarse profesionalmente a la fotografía. Como su paisano Josep Plá casi medio siglo antes, Masats traía de Barcelona ecos de la vida lugareña y la sabiduría antigua de las gentes sencillas, hechas al hábito del sacrificio y la incertidumbre. Y, al igual que el maestro ampurdanés, llegaba al capital pertrechado de un infrecuente sentido común, un intuitivo recelo hacia todo tipo de verdad canonizada por la costumbre y una aversión visceral por lo solemne, campanudo o pretendidamente artístico.

Una mirada que no convocaba a la nostalgia, sino al gozo y al deslumbramiento visual. Indotado para la metafísica, recelaba de la mediocridad de los que entonces pasaban por maestros indiscutidos, aunque tampoco era fácil hallar una doctrina con la que pudiera identificársele, al margen de la que tozudamente iba construyendo para sí mismo con una determinación silenciosa y obstinada, atesorando, además, un sentido más irónico que sarcástico y una profunda socarronería, sobre la que fue construyendo ese carácter suyo, trasgresor e irreverente, que marcaría luego su mejor fotografía.

En tan largos años de profesión, lo único que no ha perdido Masats es su propensión a la misantropía y su afición a la soledad y el apartamiento. No es sorprendente que haya sido uno de los fotógrafos españoles menos frecuentados por expertos y galeristas. No obstante, no ha podido sustraerse a algunas solicitudes, como la que le llevó en 1999 a realizar una monumental exposición retrospectiva o geroantológica, como él irónicamente gusta de repetir.

Atrincherado en su tozuda obstinación, recibe los reconocimientos -en los últimos años se le van acumulando: Premio Nacional de Fotografía, Premio de las Artes Plásticas de la Comunidad de Madrid, Premio Bartolomé Ros...- con indulgente complacencia y cierto regocijo socarrón. Catalán en Madrid y madrileño en Cataluña, este ciudadano del mundo que nunca buscó la fortuna o la celebridad, sólo ambiciona ya, como su admirado Walter Benjamín, la gloria sin la fama, la grandeza sin brillo y la dignidad sin sueldo. Aunque esto nunca se sabe.

Hasta el 20 de abril de 2019

 

EXPOSICIÓN: Inédito Masats