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EL LIBRO DE LA COCTELERÍA CREATIVA

El Cóctel de letras de Alberto Gómez Font

Por Victoria S Bravo

Alberto Gómez Font es un hombre de hablar pausado, pero seguro, gran conversador y pasional en lo que a amar la vida se refiere. Barman, lingüista y filólogo, fue director el Instituto Cervantes de Rabat y coordinador general de la Fundéu, es la definición del polifacetismo hecha persona.

Trabajó tras la barra del Mala Fama cuando la movida madrileña mandaba en las calles de Malasaña y regentó un puesto en el Rastro, momento en el que su amigo y barman, Javier de las Muelas, le encargó la misión de encontrar auténticas reliquias en forma de cocteleras, y así empezó una colección en la que llegó a atesorar nada menos que 260 piezas.

Fue precisamente Javier quien le transmitió la afición por la mixología con tal intensidad que, cuando se quiso dar cuenta, estaba saboreando el primer Gimlet de su historia. Hablar con Alberto supone, inevitablemente, hacerlo de la lengua y la terminología, punto en el que la primera pregunta se torna casi obligatoria, ¿cóctel o cocktail? Él elige la primera, la forma hispanizada, por una sencilla razón “se adapta a la totalidad de la lengua, la segunda es inglesa y tendría que escribirse en cursiva, lo que afea el texto”.

La primera documentación de la palabra cóctel en los bancos de datos de la Real Academia Española es de 1931, en el libro Pero… ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, de Enrique Jardiel Poncela. Puntualiza que esa escritura con tilde en la ‘o’ solo es propia del español de España, pues en el español que se utiliza desde la Patagonia hasta Chicago se escribe sin tilde –coctel- y se pronuncia como palabra aguda.

Hoy, varias décadas desde aquel primer Gimlet que le preparó su amigo Javier de las Muelas, Alberto tiene claro cuál es su cóctel rey, ese que representa como ningún otro la elegancia, la pausa y el equilibrio que hacen de un cóctel cualquiera, uno con nombre propio: el Dry martini, también conocido como la bala de plata. Un trago que para Alberto tiene una carga literaria y cinematográfica tremenda y que él lleva tatuado en su brazo derecho, aceituna incluida. Un trago que le gusta disfrutar al caer la tarde, a eso de las 7 o las 8, en la tranquilidad de barras como la del Dry Martini de Madrid o Barcelona, en el Cock, en cualquiera de los locales que Diego Cabrera tiene en la capital (Salmon Guru, Viva Madrid), en el 1862 Dry Bar, en el Santos, en el Dash o en el Caribbean Club de Barcelona.

Porque él es, sin duda, de barra, “puedes ver cómo trabaja, cómo atiende, cómo saluda… Y si no conoces a nadie es más fácil preguntarle desde ahí, porque el cóctel conlleva charla”. 
Y es que el clima de las coctelerías es único, “la gente se lleva bien, hay una especie de acuerdo tácito de distensión, de querer olvidarse de los problemas”. Recuerda como la tarde del 27 de octubre de 2017, cuando Barcelona rugía con fiereza, se encontraba en el Caribbean Club entre un grupo que apoyaba el independentismo y otro que no, y no pasó nada, convivieron perfectamente. Bármanes, que no barmans (en inglés es barmen), admira a muchos, pero destaca al ya mencionado Javier de las Muelas, quien considera ha hecho mucho por empujar el mercado de la coctelería en nuestro país, además de acercarlo a un público joven. ¿Cómo?, abriendo un local de nombre Gimlet en un barrio desenfadado y popular de Barcelona, promocionándolo por el boca a boca y enterrando la seriedad para que la clientela no tenga miedo a entrar y vivir la experiencia, porque “saber de cócteles no es lo importante”.

Su listado de bármanes predilectos es realmente largo, pero no puede evitar nombrar a Alberto Martínez (1862 Dry Bar), Diego Cabrera (Salmon Guru y Viva Madrid), Alfredo Pernia (Solange Cocktails & Luxuy Spirits, Barcelona), Ginés Navarro (Belvedere, Barcelona), Juan José González Rubiera (Caribbean Club, Barcelona), Alberto Pizarro (Bobby Gin, Barcelona) o Juan Valls (El niño Perdido, Valladolid). ¿Abrir su propia coctelería? Alberto afirma con sinceridad que lo haría únicamente si le tocase la lotería para, no ya ganar dinero, sino para no perderlo e ir solamente un rato cada día a disfrutar de la calma. Asentados en la fantasía, y tras esa barra del que sería su bar, ¿qué es lo que le serviría a un recién iniciado, a alguien que se entrega a los brazos de la mixología por primera vez?, “algún cóctel de la familia de los sour, pisco o Whisky Sour, un Gin Fizz, o un Tom Collins”. ¿Mojito?, “solo en una hamaca frente al mar”.

EL LIBRO DE LA COCTELERÍA CREATIVA: El Cóctel de letras de Alberto Gómez Font