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Camaleónico, atrevido, con ganas de crear… Rubén Ochandiano ha rodado dentro y fuera de España, en Hollywood y en proyectos independientes.

Dos vidas y una íntima correspondencia mantenida por email entre 2013 y 2016, ahora se hace pública en forma de libro, Regina & Celeste.

El 4 de octubre estrena Es mi palabra contra la mía, donde nos desdobla y se pregunta por qué no hay manera de que nos contentemos con lo que somos.

Para Iseo & Dodosound, la suma de Leire Villanueva y Alberto García.

Llega al Teatro Fernán Gómez una obra planteada como el reverso de un lienzo histórico. En Monsieur Goya, una indagaciónse plantea el exilio del pintor de los pueblos, Francisco de Goya, a partir de miradas subalternas.

El clown emérito del Circo del Sol indaga en los orígenes de la compañía con Kooza, que llega a Madrid el 25 de octubre.

Abandonó una brillante trayectoria profesional como creativo e ilustrador publicitario para abrazar la vida rural y familiar. En 2012 fundó el sello Autsaider Cómics.

Los sonidos frescos seducen cuando aportan novedad, brío y ritmo. Algo que ocurre al escuchar al combo francés Caravan Palace.

El espacio de trabajo y aprendizaje Atelier Solar está organizando las I Residencias Africanas de Creación e Investigación.

Alberto Morillas es el mejor perfumista del mundo. Su gran don es su capacidad para fusionar innovadoras tecnologías naturales con la perfumería molecular de última generación.

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  • 50 AÑOS DEL HOMBRE EN LA LUNA
  • Playtex, de la corsetería a la misión espacial

El 20 de julio de 1969,  Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins dieron un gran paso para la Humanidad y, aunque no lo creas, lo hicieron vistiendo Playtex. Sí, en el 50  aniversario de la llegada del hombre a la Luna, la compañía de ropa interior nos recuerda cómo fue la encargada de vestir los trajes de los astronautas de la Historia.


Foto: Ralph Morse/The LIFE Picture Collection/Getty Images.

La tripulación del Apollo 11: Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin “Buzz” Aldrin. Foto: SSPL/Getty Images.

De entre toda la labor de ingeniería que suponía enviar al hombre a la Luna, la NASA afrontaba el desafío de cómo vestirle. El traje debía ser fuerte para protegerle de condiciones extremas, un terreno pedregoso por explorar, impactos de meteoritos, falta de oxígeno, pero también ligereza para poder moverse y flexionar extremidades. Debía poder presurizarse y despresurizarse a bordo de la nave. Un auténtico reto.

La respuesta no llegó por parte de eruditos ingenieros aeroespaciales, sino de una firma corsetera que había nacido en 1932 y unos años antes había revolucionado el mundo de la ropa interior con un nuevo material elástico súper resistente, el látex, que moldeaba, recogía y resaltaba la anatomía femenina. La compañía era Latex Corporation, conocida como Playtex. Y en su haber contaba con la revolucionaria faja de látex y el icónico sujetador Cruzado Mágico. Ni uno ni otro eran útiles para los astronautas del Apollo 11. Pero sí los materiales y los procesos aplicados a su producción. Así que los responsables de la compañía se ofrecieron cuando la Administración estadounidense sacó a concurso el proyecto. Contra todo pronóstico y tras una serie de avatares, consiguieron entrar.

Había prisa. El diseño que llegaría a la Luna tenía que estar listo en seis semanas. Idearon un traje a capas (veintiuna en total) de fibra sintética, neopreno y metal. Y resistió todas las pruebas a las que le sometió la NASA, desbancando de lejos a los de sus competidores. Lo habían conseguido. El contrato era de Playtex.
 

Foto: MIT Press.

Ahora había que producirlo a medida para cada astronauta. De nuevo no fueron ingenieros de la NASA, sino las experimentadas costureras de la compañía, de las de toda la vida. Los cosieron con las mismas máquinas Singer con las que hacían sujetadores y fajas, pero en versiones modificadas. Trabajaron a contrarreloj, en jornadas que llegaron a las 80 horas semanales.

Foto: Ralph Morse/The LIFE Picture Collection/Getty Images.

No podían permitirse ni un solo fallo. Tanto es así que se instalaron máquinas de rayos X para tener la certeza de que no se había quedado olvidada ninguna aguja que, arriba en el espacio, pudiera suponer un problema. Incluso se prohibió el uso de alfileres para evitar agujerear, siquiera mínimamente, el látex que se estaba utilizando.

Pese al desafío, la escasez de tiempo y el peso de la enorme responsabilidad, la misión “traje a la Luna” fue tan exitosa como la propia odisea que permitió al hombre pisar por primera vez el satélite terrestre. Y Playtex celebra ahora el medio siglo de un viaje que marcó un antes y un después en la historia de la Humanidad.

Foto: MIT Press.

http://www.playtex.es/

 

50 AÑOS DEL HOMBRE EN LA LUNA: Playtex, de la corsetería a la misión espacial