• edit 185
  • LA PUERTA
  • Por Rubén Arribas / Ilustración: Claudio Linares

Se convirtió la puerta en metáfora. Por su umbral, antes siempre abierto, no entró ni salió nadie. Llegó la primavera y detuvo el tiempo. Quedó mudo el cuclillo que cantaba las horas del antiguo reloj en el recibidor. La cocina recuperó su orgullo, su espacio perdido y se llenó de color arrojando versos encadenados llenos de esmero y entusiasmo. Desde allí, las abuelas inundaban con olor de nostalgia y esperanza a todo el vecindario. En el salón revivió aquel libro en las sombras de polvo olvidado y desató la emoción de un lector desprevenido y aletargado ante la que ayer fue la dictadura de su horario. Volvió a sonar el piano haciendo brindar al amor y al desamor. En la cama se abrazaban dos viejos conocidos que dormían separados a lo lejos del ronquido encontrándose de nuevo en el deseo perdido. Un padre descubrió en el cuarto que su hijo guardaba secretos y un hijo que a su padre le empezaba a clarear el pelo. Una joven encontró la cordura en su soledad mientras el joven del edificio de enfrente se enamoraba de la silueta de aquella misma chica, que se movía sin ataduras tras la cortina. Un abuelo detuvo las arrugas de su cara frente al espejo del baño cantando Resistiré, recordando ese mismo rostro hace apenas cincuenta años. Los cuadros de la casa eran el agua que corre y siempre cambia. Por las ventanas entraban la noche y el día junto al anhelo de una tarde de cine y palomitas, la brisa de una cercana conversación acompañada de aceitunas y unas cañas bien tiradas, el sueño de una noche de teatro, el calor del mechero encendido en un concierto. Los balcones se convirtieron en un grito unísono de libertad, comunión y agradecimiento. Hoy no queda nada de esa casa, ni volverá a ser lo que fue. Ahora podemos creer para ver, soñar sin tocar, vencer con el arma de la solidaridad. Podemos salir por el umbral de nuestra puerta y regresar a nuestro hogar. Porque andar por las calles bajo el cielo de Madrid es la cosa más hermosa del mundo.

 

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