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Pablo Berger: apuestas arriesgadas

Este año se erigió como triunfador (casi) absoluto de los Goya cuando Blancanieves, su segunda película, ganó diez premios, incluido el de mejor película. Suponía el triunfo no solo de un filme excelente capaz de reinventar una vanguardia con pleno sabor hispánico, también el éxito de la perseverancia por encima de las dificultades.

Después del éxito de Torremolinos 73, al cineasta le costó ocho años convencer a los productores de que una película muda y en blanco y negro tenía posibilidades de éxito. No solo el éxito en España, Blancanieves llegará a las pantallas de más de 30 países: “Desde que se estrenó en Toronto en septiembre he estado en mi casa veinte días. Los Goya no fueron la guinda sino más bien el ecuador, ahora me voy a Brasil, a México... Lo que me ha cambiado es mi vida familiar porque no tengo, pero es inmoral quejarse de que te vaya bien. Las películas son como los hijos, algún día te puedes cansar pero no puedes odiarlas nunca”.

Blancanieves ha fascinado al mundo entero gracias a una apasionante dualidad. Por una parte, es una película con una fuerte personalidad hispánica, enraizada en esa cultura del sur marcada por el flamenco y el toreo. Por la otra, explica una historia tan universal como la del cuento, conectada con las pulsiones más eternas e inmutables del ser humano: “Habla de emociones básicas: la pérdida, la muerte, el amor, el engaño, el deseo... Por eso es una experiencia sensorial que es comprendida tanto en Madrid como en Tokio. El cuento son tres páginas que podrían ser ocho minutos de película, por esta misma razón me permitía crear todo un mundo. El origen fue una foto de unos enanos toreros que me llevaban a un imaginario ibérico, cañí. Quería que fuera una Blancanieves del pueblo. La cultura del sur siempre me ha atraído, y como hombre del norte tengo una visión casi romántica”.

Como Pedro Almodóvar, Berger apuesta por llegar a todas las culturas haciendo valer sus raíces: “Me siento muy identificado con esa ambición suya de ser universal siendo local. Yo he vivido en Nueva York diez años, mi mujer es japonesa, tengo amigos de todas las nacionalidades... pero hay algo de mi niñez, de mis orígenes, que me gusta reflejar, con cariño y crítica. Siempre he creído que tenemos una cultura popular muy rica, y es muy atractiva fuera de España. Este es un país con las connotaciones más variadas. Unos pensarán en Goya, otros en flamenco, otros en la pasión... y jugar con eso e intentar hacer lo contrario de lo que pueda parecer siempre es un reto. Lo hice con Torremolinos 73 y lo hice con Blancanieves y quizá lo vuelvo a hacer otra vez”.

En tiempos de zozobra en los que el cine de autor corre incluso, según algunos, el riesgo de desaparecer, Berger hace una apasionada defensa de su manera de entender el oficio: “El camino no es hacer thrillers al estilo americano para luchar contra ellos porque lo hacen mucho mejor. Lo que sí podemos hacer bien desde España y desde Europa es ofrecer libertad, originalidad y riesgo. Directores que tienen una visión porque lo que diferencia el cine europeo del americano es que allí las decisiones se toman por mercadotecnia y aquí podemos hacer las películas que queremos contar. No estamos en peligro, éste es un momento de cambio. Pero no solo el cine va a trasnformarse, tampoco España va a ser lo que era. Tenemos que aprender de los errores cometidos por todos, tiene que haber una reacción porque el momento es crítico pero veo luz al final del túnel”.

Sin duda, la propia odisea de Berger para financiar sus películas es una buena prueba de la ceguera que muchas veces ha mostrado el sistema de producción patrio. “Las televisiones nunca me han apoyado. Torremolinos tuvo medio millón de espectadores y podría haber hecho fácilmente una película similar pero no quise y tuve que esperar ocho años”. Explorador de los nuevos caminos del cine, Berger ya está pensando en su siguiente película y no se conforma con cualquier cosa: “Me pregunto qué tomar para que sea un reto, me tiene que excitar. Tengo que pensar que es algo que no se ha hecho antes o que por lo menos yo no lo he hecho”. Apuesta por la imagen y el riesgo, su ambición y talento lo convierten en una voz fundamental del cine mundial. 

Texto: Juan Sardá. Foto: fotograma de Blancanieves

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