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Erwin Olaf, un champagne en blanco y negro

por Inma Flor

“Las fotografías, como el champagne, necesitan de la oscuridad para encontrar la luz”. Así de categórico y acertado se muestra Erwin Olaf (Holanda, 1959) al presentar su nuevo trabajo, “Light”, una obra en blanco y negro compuesta por 26 imágenes inspiradas y creadas en las famosas “crayeres” de la Maison Ruinart en Reims (Francia), reconocidas como Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Le entrevistamos durante su reciente visita a Madrid a la presentación del proyecto en España. 

Coincidiendo con el 120 aniversario de la primera colaboración de la maison de champagne más antigua del mundo con un artista, el fotógrafo holandés se ha inspirado en la imagen de la obra del checo Alfons Mucha, el primero en colaborar en este proyecto centenario, pero concibiendo una obra más abstracta. La oscuridad y el silencio de las centenarias cuevas de Reims, los rostros y rastros que sus paredes revelan al visitante, y la introspección cada vez mayor del trabajo fotográfico de uno de los grandes referentes internacionales han convertido la última colaboración con el arte de Ruinart en un blanco y negro total. Erwin Olaf ha dejado atrás puntualmente su estética colorista y algo artificiosa, casi teatral, y ha vaciado de personajes sus imágenes. Lo que ha permanecido es el protagonismo de la luz y su sempiterna Hasselblad.

¿Qué le ha llevado a trabajar con Ruinart? Aunque he hecho muchos anuncios durante los últimos años, doy un poco por terminada esta etapa, ya no aprendo gran cosa. No obstante, las facetas comercial y artística se están acercando mucho últimamente, y ese ha sido el caso de Ruinart. Para mí esto es algo nuevo, porque he podido hacer lo que me gusta sin directrices previas. La única restricción era reflejar la historia de Ruinart. Lo bueno de este trabajo es que he tenido que cuestionarme qué podía y qué no podía hacer, lo que significaba redescubrir parte de mi talento, volver a la simplicidad de la fotografía, a solo fotografiar paredes y alejarme del lado más publicitario, al blanco y negro que ya utilicé en series como “Squares”, “Chessmen”, “Blacks”, “Waiting”… como la mejor traducción de la experiencia que vives allí dentro. Todo este proceso me llevó alrededor de un año mientras iba haciendo fotos, analizando si era bueno o no, si era demasiado poético. Quería hacer algo fuerte y realista, nada de cuentos de hadas.

¿De qué manera ha ido evolucionando o cambiando su trabajo con el tiempo?

Mi trabajo ha cambiado mucho, pero siempre ha sido un reflejo de lo que soy en cada momento. De hecho, mis fotografías se pueden concebir como un diario en formato fotográfico. Cuando empecé, me centraba en las inseguridades sobre mi vida sexual. Al cumplir los 30 me hice más agresivo, más ambicioso, un hombre fuerte que quiere gritar “mírame, aquí estoy”. Y cuando alcancé los 40 y los 50 me convertí en alguien más reflexivo, alguien que se hace autorretratos que reflejan la pérdida de salud, la espera, la soledad.

Cuanto más avanzo en mi carrera, menos quiero lanzar un mensaje y más quiero empezar un diálogo. Por ejemplo, “Royal blood” tiene un claro mensaje: “esto es lo que pienso, esto es lo que me gusta”. Desde entonces, he hecho series como “Rain” o “Grief” que hacen que te preguntes ¿qué está pasando? ¿qué crees que está pasando?, cosa que me parece más interesante, porque genera un diálogo.

 

retrato de Erwin Olaf

Sus fotografías muestran un universo muy particular. ¿Crea su propio mundo porque no le gusta el que ve? No me gusta esa aproximación negativa. He hecho cosas desde esa actitud y, sinceramente, no permanecen. Creo que se debe trabajar sobre ideas que aportan algo al mundo, pero esas ideas tienes que sentirlas en lo más profundo de tu ser y, de alguna manera, necesitar expresarlas.

No puedes ser un artista que se mire el ombligo, tienes que ser consciente de lo que pasa a tu alrededor y contribuir, no como un manifiesto, sino como una transcripción. Yo pertenezco a una minoría sexual, y creo que debo decir algo al respecto, al igual que las mujeres deben luchan por sus derechos.

¿Cuál es su método de trabajo? Es muy simple. Tengo una idea, y hago un pequeño boceto sobre ello. Posteriormente, se lo cuento a mi equipo y empezamos a hablar sobre ello: si ocurre en el pasado, el presente o el futuro, el tipo de luz, colores, el casting… luego recibo sus propuestas y tenemos otra reunión. A continuación, llegan las fotos y las cosas van creciendo por sí solas y pueden acabar convirtiéndose, por ejemplo, en una instalación.

¿Cuál es el mejor consejo que le han dado? El mejor consejo que me han dado y el que yo también daría es que, una vez has logrado tener tu propio estilo, permanezcas fiel a ti mismo. Eso es muy importante. Y, por lo menos, mantente durante cinco años haciendo lo mismo, porque es el tiempo necesario para que el mundo sepa que existes. Tú acabas aburrido de tu trabajo, pero el mundo todavía no es consciente de tu existencia. Hay que ser paciente.

 

Erwin Olaf
bodegas de Ruinart en Reims
"Light". Erwin Olaf
"Light". Erwin Olaf
"Light". Erwin Olaf

Erwin Olaf, un champagne en blanco y negro