Audrey Tautou

Audrey Tautou
Enigmática dualidad

Amélie es para Audrey Tautou lo que Superman para Christopher Reeve. Inmensos iconos pop que marcan una carrera. Su rostro, entre el cartoon japonés y una versión afrancesada de Audrey Hepburn, nos remite, como un boomerang eterno, al hada de Montmartre (cándida ONG para algunos; psicótica por diagnosticar para otros). Hablamos con ella en su visita promocional de Un engaño de lujo.

Ante la idea de entrevistar a Audrey Tautou el entusiasmo es el mismo que cuando visitaste Disneyland por primera vez: sabes que Mickey es un humano y que la actriz no es Amélie, pero es lo más cerca que vas a estar de esos volátiles universos de buenos sentimientos y colores saturados, creados por Walt Disney y Jean-Pierre Jeunet, en los que a muchos nos gustaría perecer en una hipotética eternidad. Aunque, por otro lado, da pánico pensar que en la francesa no quede ni un ápice de Amélie, esa risueña madreteresa que cambió nuestra vida y que, según las tesis de Freud, es una psicótica en potencia. Como Léolo, tiene una madre castradora, apatía social y una peligrosa tendencia al delirio, ejemplarizada en ese perverso juego en el que embauca a Nino Quincampoix. Puro sadismo psicótico.Llegados aquí, lo afirmamos sin rubor: la Tautou sigue siendo Amélie. Es más: como la Poulain, bajo su físico, mágico y grácil como el de un gnomo, y su enorme mirada, una descarga eléctrica directa al corazón, intuimos algo oscuro, apenas imperceptible. Un fascinante enigma dual que, tras el encuentro, sigue intacto. “Todos pensaban que era discreta, tímida y frágil como Amélie. Y fue el papel que me exigió mayor composición”, nos confiesa. ¿Ganas de despistar?

Esta preciosa criatura no es la obra maestra de un artesano de la versión gala de la Mariquita Pérez. Como usted, tuvo un nacimiento natural: no en un Paris rojiverde de pureza racial, sino en Beaumont, Francia, un 9 de agosto de 1976. Tras una niñez en Montgluçon, la mayor de cuatro hermanos se marchó a la capital, donde aparcó su vocación de primatóloga para estudiar literatura francesa y arte dramático. Se curtió en la tele y llegó el golpe de suerte: Venus, salón de belleza (1999). Su chona de peluquería le valió un César a la mejor actriz revelación. Y lo más importante: hizo que Jeunet la viera en un cartel mientras paseaba por la Bastilla. Ante el rechazo de Emily Watson, para quien escribió su Amélie, le hizo un casting. Cuentan que, al verla, el cineasta tuvo que esconderse para ocultar sus lágrimas de emoción. Ningún animatronic ideado en su taller de FX podría superar ese físico. Antes protagonizaría Cásate conmigo (2000), su primera aparición psicótica. Y con Amélie llegó la hecatombe mundial. Algo testaruda (de casta le viene al galo), dio plantón al mismísimo Chirac. Y si le preguntas si hay día que no le recuerden que la interpretó, te sentencia con un “no en España”, tal como hacía Amélie con ese frutero abusón cuando se convertía en El Zorro. Aunque es realista: “me ha permitido hacer todas las películas que he hecho después”.

Su carrera posterior ha sido una decepción. Hizo papelito en la intrascendente Una casa de locos (2002). Y cómo no, repitió con Jeunet en el barroco romance bélico Largo domingo de noviazgo (2004). Todos querían más Amélie y su Mathilde sólo era una coja cabezota, estúpida y psicótica (y ya van tres). Tras esto, la obligada parada en Hollywood con el Código Da Vinci (2006). “Un ovni en mi carrera, formidable, pero duro y pesado. No quiero renunciar al anonimato y en Francia queda un cine de autor que me gusta muchísimo”, afirma, diplomática y chovinista, pensando quizá en la casa que se compró en la Costa Azul. Allí rodó Un engaño de lujo, la peli que vino a presentar: una comedia de Pierre Salvadori en la que es una cazafortunas (también psicótica) que seduce y despluma a ricachones. “La veo más como una enfermera”, te contesta si le insinúas que roza la prostitución. Pura Amélie. Menos mal que se avecina un cambio. El 23 de noviembre se estrena el dramón urbano, exitazo en Francia, Juntos, nada más de Claude Berri, que adapta una novela de Anna Gavalda. “Es la historia de cuatro soledades que viven juntas y se descubren. Académica, pero muy hermosa”, declara. También será Coco Chanel en un biopic que Anne Fontaine rodará en 2008. Y sí, la leyenda es real: al finalizar la sesión sacó su vieja Nikon y, ¡clic!, inmortalizó a este rendido periodista para ponerlo en un álbum como el de descartes de fotomatón. ¿Es o no es Amélie?

Un engaño de lujo (Hors de Prix) se estrena el 15 de junio 2007.

Texto: David Bernal

Audrey Tautou. Enigmática dualidad