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Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud
Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud

Nos vamos de viaje a Viena para visitar el rastro de Gustav Klimt, Egon Schiele, Otto Wagner y Koloman Moser con motivo del primer centenario de su desaparición.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida.

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El Somni. Éxtasis sensorial

Cuando tuvo lugar esta entrevista con Josep Roca, su restaurante, el Celler de Can Roca, que comparte con sus dos hermanos Joan y Jordi, era considerado el número uno del mundo. Un lugar donde comer significaba poder llegar a un orgasmo que empezaba en el paladar.

El éxtasis sensorial es la meta de cualquier pedazo de comida, de cualquier película, de canción, cuadro, charla filosófica… Hoy El Celler de Can Roca no es el mejor restaurante del mundo, es el segundo mejor. Pero a diferencia de René Redzepi, el chef del Noma, el restaurante que ha destronado a los hermanos Roca, El Celler tuvo “un sueño”. El Somni es una pieza audiovisual en la que los hermanos Roca y Fran Aleu mezclan gastronomía y ópera -cocina, música, filosofía y poesía-. Los doce comensales que disfrutan de este espectáculo sensitivo dividido en doce actos son reconocidos representantes de varios ámbitos de la ciencia y la cultura. Desde Ferran Adrià o Miquel Barceló hasta el ingeniero e investigador Abderrahmane Kheddar y la bella actriz de Slumdog Millionaire, Freida Pinto.

Estábamos en San Sebastián. Un fragmento de El Somni inundaba las retinas de un grupo de periodistas. Después de esta ceremonia de iniciación hacia un proyecto tan bárbaro, tan de otro mundo,  nos acercamos a Josep para cuestionarle el motivo de hacer una película (o algo así) tan ostentosa; tan obscena y tan brillante al mismo tiempo.  “Cuando tienes la suerte de poder costearte un reto tan bestia como este para un número tan exclusivo de personas y siendo un tipo de restaurante como el nuestro, que nació en un barrio de inmigración, de exclusión social, sólo plantearnos esto por lujo y capricho, nos parecía insultante. Así que decidimos convertirlo en una película para que le llegara a más gente”, explica Josep Roca.

Que haya lugares arropados por tres estrellas Michelin donde de los fogones nacen obras de arte a precios desorbitados siempre será complicado de digerir para el desahuciado, para el parado, para el pensionista… “Esta experiencia tenía que ser aprovechada por más gente, no podíamos presenciarlo nosotros solos. Queríamos que la película tuviera un hilo conductor que descansara en la normalidad, con la democratización del lujo y de la hipersensibilidad”. El cine como el vehículo para hacer llegar lo inalcanzable al público.

Siempre nos gustó comer. Desde las gachas hasta aquella menestra de verduras en texturas que cambió el rumbo de las cosas. Comer para aliviar el hambre, comer para seducir, comer para acompañar un buen diálogo, comer para disfrutar sencillamente de la vida. Pero nunca, hasta la llegada de los reyes gastronómicos llamados Arzak, Subijana y Adrià, la comida se había intelectualizado tanto. “La grandeza de lo que representa para el ser humano la alimentación viene de vestirla de intelectualidad. Si ya tienes la posibilidad de sumar emotividad, emoción, inspiración y sabor llegamos, probablemente, al éxtasis sensorial. Eso es lo que queremos provocar.”

La sonrisa de este chef obsesionado con el vino encierra algo. “Con esta película queremos seducir, inspirar y hacer salivar. La gastronomía tiene un gran poder de seducción y no sabría decir si hasta ahora se había planteado así”. Josep se para, lo piensa y de repente comenzamos a hablar de cine: “A lo largo de la historia del cine hemos visto momentos mágicos relacionados con la gastronomía y que desprendían una seducción tremenda. Seducción y generosidad”, añade.

Y el cine continuó por un rato siendo el telón de fondo de la conversación,  “Deliciosa Marta es una película espléndida sobre lo que significa la cocina día a día, pero la que más me fascinó de este género cinematográfico, digamos… gastronómico, fue Comer, beber, amar, de Ang Lee, por esa definición de lo que es el ritual de la cocina y de la familia. Luego está El Perfume y su juego con el olor y Chocolat con toda esa seducción en cada plano”.

Y hablando de cine llegamos a Indiana Jones. El cocinero de hoy es también un aventurero. Y así lo demostró Jordi, el pequeño de los Roca, cuando se marchó a Kerala en busca de especias, como los árboles de canela o los arbustos de cardamomo crudo. “Jordi iba a buscar el punto máximo de inspiración dentro del mestizaje. Y ese viaje estuvo lleno de fantasía y de intriga. Hay un momento de esa travesía por la India, y que aparece en la película, en el que Jordi va a cocinar un plato y todo se queda en silencio tras el rugido de un tigre”. Josep se ríe a gusto...

La aventura de Josep fue menos arriesgada que la de su hermano, aunque quizá más mística. El paisaje lunar de Lanzarote le recibió cuando el cocinero estaba detrás de la pista de un vino de 1880 que descansaba en una barrica de la zona de la feria. Esa atmósfera y ese vino le empujaron a utilizarlo como maridaje para el acto de la ópera basado en un paraje lunar.

Nos despedimos con un apretón de manos. Poco después El Celler de Can Roca ya no sería número uno, pero sí cumplieron ese sueño. Y hoy todos podemos ser testigos de lo que ocurrió en El Somni, esa ópera gastronómica, o esa cena hipersensitiva, que se acaba de estrenar en cines y en plataformas online como Filmin.

Texto: Pedro Moral Martín ·

 

El Somni. Éxtasis sensorial.