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Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud
Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud

Nos vamos de viaje a Viena para visitar el rastro de Gustav Klimt, Egon Schiele, Otto Wagner y Koloman Moser con motivo del primer centenario de su desaparición.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida.

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Alan Sailer: El boom de la gastronomía

Es una historia de tres ingredientes. Carisma, espectáculo y belleza. Alan Sailer congela escenas imposibles para la retina y las captura a través de una cámara fotográfica. Este ingeniero californiano construyó un flash de alta velocidad casero por curiosidad y ha revolucionado la estética de lo improbable. Desafía la lógica en cada disparo. Alan Sailer inmortaliza instantáneas en el momento exacto en el que una bala atraviesa un objeto y captura ese microsegundo de belleza infinita previo a la destrucción absoluta.

Es un trabajo de precisión tecnológica e instinto estético. La espectacularidad de las imágenes le ha supuesto una importante difusión en Estados Unidos gracias a su Flickr y las redes sociales, aunque se resiste a abandonar su trabajo de ingeniero y rechaza el concepto de artista. Utiliza parte de su nómina en congelar el tiempo con su cámara y el dinero que consigue con las fotografías lo invierte en causas sociales.

La idea

El origen fue un artículo en la revista MAKE -publicación que inspira el Do It Yourself- sobre cómo construir un flash de alta velocidad. Alan Sailer, entusiasta de este tipo de fotografías, reprodujo la técnica y empezó a disparar. El método del ingeniero y fotógrafo Harold Edgerton y el trabajo de la fotógrafa Jasper Nance fueron clave para depurar su método.

Herramientas

Una habitación oscura y un equipo para fotografía de larga exposición: Nikon D90, flash casero de alta velocidad (0,5 segundos de duración y 17.000 voltios de potencia), controlador de flash, sensor de movimiento, rifle de aire comprimido y perdigones.

Clímax

El sensor de movimiento detecta el momento exacto en el que el proyectil se dirige hacia el objetivo. Envía información al controlador de flash para que se active en el microsegundo en el que el perdigón o la bala impacta en el objeto. Es el momento más delicado del proceso porque si el sensor falla, no hay imagen. Si el controlador del flash actúa un milésima de segundo antes o después, la imagen saldrá defectuosa. “Conseguir la imagen perfecta es una combinación equilibrada de suerte y habilidad”.

Alimentos

La comida es un tema recurrente en el trabajo de Alan Sailer. Utiliza alimentos por tres motivos: “La comida es barata y posee grandes cantidades de agua. El agua absorbe y genera explosiones muy atractivas”. Tercero: la comida es fácilmente reconocible y la gente se siente identificada con elementos habituales. El fotógrafo congela determinados alimentos con nitrógeno líquido para multiplicar el efecto espectáculo en el momento en que son atravesados por la bala.

Centro de operaciones

Alan Sailer trabaja en su garaje, un espacio que ha sufrido auténticas sesiones de destrucción. “La explosión de determinados alimentos ensucia suelos y paredes. La clave es limpiar minutos después de tomar las fotografías. E incluso así he tenido alguna plaga de ratones... Es curioso: Invierto horas en preparar el equipo y limpiar la sesión pero tardo una fracción de segundo en apretar el gatillo y fotografiar”.

Referentes

Sailer evita el término artista. “Si consiguiese una fotografía con la calidad de un cuadro de Francis Bacon tal vez permitiría esa catalogación, pero como es imposible, me considero un buen artesano”.

Afición

Sailer es ingeniero. “No vivo ni pretendo vivir de la fotografía. Me gusta mi trabajo y paga todas las facturas. No invierto tiempo en promocionar mi trabajo fotográfico, pero el dinero recaudado de la venta de imágenes -periódicos, revistas y publicidad- va íntegro a organizaciones benéficas”. 

Texto: Rebeca Queimaliños · Foto: © Alan Sailer

Alan Sailer, alimentos, fotografía
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alan sailer
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Alan Sailer: el boom de la gastronomía