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Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud
Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud

Nos vamos de viaje a Viena para visitar el rastro de Gustav Klimt, Egon Schiele, Otto Wagner y Koloman Moser con motivo del primer centenario de su desaparición.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida.

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Teatro inmortal

Una conocida periodista (Alicia Borrachero) tiene la misión de entrevistar al presidente del gobierno (Joaquín Climent). Su jefe de prensa (Jordi Rebellón) no se lo pondrá fácil. ¿Qué sucederá cuando los trapos sucios se pongan sobre la mesa? La respuesta la encontrarán en la obra Desclasificados de Pere Riera, en el teatro Bellas Artes de Madrid, hasta el 27 de octubre.

Con la actriz  charlamos antes del estreno en la capital sobre la importancia de los valores en nuestra sociedad, el papel del periodista y el estado del teatro y la cultura. Encima del escenario, sentadas en la mesa donde más tarde veremos cómo Silvia Galván entrevista al presidente del gobierno, Alicia Borrachero contestó a las preguntas de El Duende.

Alicia Borrachero es Silvia Galván, periodista de éxito a punto de entrevistar al presidente del gobierno ¿Qué referentes buscaste a la hora de abordar este texto y este personaje?
Alicia Borrachero: Me lo he pasado muy bien en ese sentido porque afortunadamente en este país tenemos un panorama de periodistas que es un abanico multicolor. Uno se sienta a ver y hay tanto y tan bueno. He mirado muchas, he mirado a Julia Otero, a Mercedes Milá, he mirado a Ana Pastor, a Isabel Gemio, a la tristemente desaparecida Concha García Campoy, Pepa Bueno; hay tantas grandes. He visto cosas de muchas, españolas y extranjeras, y al final he cogido cositas de  unas y de otras, lo he pasado todo por la turmix, que soy yo, pero sí que hay momentos inspirados en la coquetería de fulanita, la cosa más incisiva de menganita, que me han hecho más que imitarlas, me han abierto la imaginación a como yo imagino que es, no he copiado a nadie pero me han abierto la imaginación mucho.

Silvia es un personaje que convive con el presidente del gobierno y su jefe de prensa, pero no es una obra política.
No, inevitablemente se toca el tema porque la anécdota es política y el entorno es político, y los personajes están hablando de una crisis de gobierno entonces sí que hay referencias y obviamente está presente, pero no va de  esto la obra. Hay un momento , si lo hacemos como debemos, en el que el espectador dejará de ver a un presidente, a una periodista y a un jefe de prensa y verá a tres personas con tres puntos de vista muy diferente sobre un mismo tema, y podrá entenderlos a los tres. Es decir, aquí no hay buenos y malos, todos tienen su razonamiento, en realidad de lo que se habla es del sistema, más que de la política o de la prensa, aquí de lo que se habla es del sistema. Se habla de los valores y hasta qué punto  esas cosas en las que creemos con tanta razón y tan férreamente  hasta qué punto nos pueden llegar a cegar; y eso es una cosa humano no solo profesional.

La obra lleva nueve años escrita, en el momento en el que vivimos vemos cómo la realidad ha superado a la ficción, y la sociedad se está planteando estructuras de base que también están criticadas en esta obra. ¿Cuándo fue la última vez que se te tambaleó un valor fundamental?
Pues probablemente fue ayer. Ya desde hace años uno se va preguntando qué está pasando. Y no es una cuestión ideológica, de la derecha o de la izquierda. Es una cuestión de base, de para qué, de qué mundo queremos, y sin idealizarlo, vemos que el sistema se está cayendo como un dominó. Me lo planteo todos los días y me entristece mucho. Pero por otro lado pienso,  como tantos de nosotros que hablamos en todos los momentos en los que nos encontramos con amigos y pensamos que esto es un fin de ciclo, espero que lo sea, y que de aquí para nuestro hijos venga un mundo un poquito mejor.

Estar encima de un escenario, con esto dos compañeros, dirigidos por Pere Riera, son uno de esos  momentos en los que dices eso de “agradecida y emocionada”, ¿no?
Sí, es una alegría. Para mí este trabajo tiene cosas muy  duras y muy desagradecidas,  muy injustas, y muy feas. Pero también tiene unas cosas tan maravillosas: la relación con el público, los textos con los que uno a veces se puede ver la cara y el corazón, pero casi te diría que lo más grande es la gente que he ido conociendo, la gente con la que me quedo, que no es  toda ni mucha además. Y esto es un valor que la falta de trabajo, la falta de dinero, la falta de reconocimiento, y que todas las injusticias de este trabajo, nadie puede acabar con ello. Es un gusto coincidir con Jordi (Rebellón), yo le quiero muchísimo, es un placer haber podido trabajar con Joaquín (Climent) a quien admiro desde hace mucho tiempo,   y descubrir a Pere Riera es algo que, de verdad, no puedo describir muy bien. Le auguro un futuro brillante  y estaré muy orgullosa de decir que yo estuve en la primera función que dirigió en Madrid.

Desclasificados vive su tercera vida, primero se estrenó en Barcelona (La Villarroel, 2011), se hizo después una película, y ahora se estrena en Madrid ¿Usaste esos trabajos como referencia?
Yo no he visto nada, no he querido ver película, no he querido saber cómo lo hicieron, porque a mí no me ayuda. Hay actores a los que sí les ayuda, pero a mí no me ayuda. Yo lo veré después.

¿Podría ser Silvia de Desclasificados la Ana Ruiz (Periodistas) del futuro? Ese personaje que interpretaste en la serie Periodistas.
Sí y no. Evidentemente a uno se le cuelan cosas suyas en todo lo que hace. Ana Ruiz es un personaje al que yo siempre querré de una forma muy especial por razones obvias, pero Ana era impulso, era todo corazón y todo impulsividad, y lo que estaba bien estaba bien y lo que estaba mal estaba mal, y no había dobleces ni juegos. Esa era para mí la gran maravilla de ella y su gran defecto porque le faltaba cabeza. Esta mujer, Silvia Galván, sí podría ser Ana en algunos aspectos, porque es una mujer también fuerte, decida, pero es una mujer más controlada. Es una mujer más fría, más sólida como persona y como profesional, más calculadora, es menos espontánea. Ana era un potrillo desbocao, esta mujer no, hasta que en algún momento puede que pierda los papeles pero en seguida se recompone. En ese sentido sí que hay cosas en común pero hay muchas más que las diferencian.

Después de permitir que este personaje te traspase ¿Nos ves de otra manera a los periodistas?
No os veo de otra manera, os veo más aún como siempre os he visto, yo admiro muchísimo esta profesión, pero muchísimo, de hecho me encanta hacer de periodista porque juego a ser algo que yo podría haber fantaseado ser. Este personaje me hace admirar aún más al periodista que yo admiro como lectora, oyente, espectadora, al periodista que ama su profesión, que está por detrás de la noticia y no por delante, y sabiendo que la objetividad no existe tiene unos principios y busca la verdad. Cuanto más pasa el tiempo más admiro a los que realmente tenéis esa filosofía, porque hay tanto de lo otro que todavía siento más admiración.
 
La obra ha pasado por varias ciudades antes de llegar a Madrid ¿Qué sensaciones os habéis traído de las funciones previas?
La sensación más llamativa que he tenido, más que los aplausos o no aplausos, es la atención del público. Eso es una cosa que se nota, y es porque está muy bien escrita. En esta obra es alucinante, la gente cree que viene a ver un thriller y no es eso , entonces cuando empieza se preguntan “pero es de risa, o no?”. La gente enseguida se queda pegada, porque es una situación tan marciana, y la gente enseguida se queda atrapada, y esto es lo que más rescataría de la reacción del público hasta ahora.

¿Cómo ves el estado de salud del teatro hoy, desde el escenario y desde patio de butacas?
No es fácil, el teatro ahora mismo con la subida del IVA esto ha sido una bomba en la línea de flotación que, sinceramente, espero que recapaciten. La cultura, y no solo el teatro, es algo a lo que el pueblo tiene derecho. La cultura no puede ser un artículo de lujo. Todos nos tenemos que apretar el cinturón, y todos tenemos que trabajar en otras condiciones, sin duda, pero creo que ha sido una medida no acertada y es de sabios corregir, y espero que lo hagan. Pero a aparte de eso, el teatro no muere nunca, en Kosovo, en el momento álgido de la guerra, se llenaron los teatros, se abrieron gratuitamente y todo el mundo iba. El año pasado, con toda la crisis encima, yo estaba haciendo la función Agosto en el Centro Dramático Nacional, y esa obra estaba llena, pero no solo esa obra, hablábamos con los compañeros y los teatros estaban llenos. Hay algo evidente y es que en el teatro hay vida, lo podemos hacer mejor o peor, podemos escribir mejor o peor, pero el público que paga una butaca y va al teatro va a tener una experiencia vital. Va a tener una experiencia, no va a ser simplemente espectador pasivo, uno en el teatro no tiene una atención pasiva, hay otro tipo de experiencia. Creo que eso nadie lo va a poder matar jamás porque es parte del hombre la necesidad de recibir y de dar.

TEXTO: Carmen Socías.

Desclasificados. Teatro Bellas Artes (Marqués de Casa Riera, 2). Hasta el 27 de octubre. www.teatrobellasartes.es

Desclasificados. Teatro Bellas Artes. Hasta el 27 de octubre.