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Por Aránzazu Díaz Huerta

Hija de padres artistas, Francesca Woodman (Denver, 1958) vivió toda su vida inmersa en un ambiente creativo. A los trece años recibió su primera cámara y comenzó entonces su andadura en el universo fotográfico, un recorrido que terminaría de forma trágica y prematura con el suicidio de la joven a punto de cumplir los veintitrés años.

A pesar de todo, tras su muerte heredamos el legado de una obra enigmática, repleta de autorretratos que destilan fuerza poética. Unas figuras en ocasiones fantasmales, otras surrealistas, quizá influenciadas por su estancia en Roma, donde vivió varios años y donde la librería Maldoror se convirtió en una fuente de conocimientos artísticos. También aquí descubriría el gusto por la literatura gótica, un referente claro en sus fotografías.

Coincidiendo con la exposición de Francesca Woodman, ya inaugurada, en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, y la que tendrá lugar en el Espacio Bernal de Madrid desde el próximo 26 de abril, Phaidon ha anunciado la re-edición (en inglés, versión tapa blanda o dura) de la monografía de la autora, con más de 250 imágenes, algunas de ellas inéditas. Además, se incluirán extractos de sus diarios y páginas de sus cuadernos de notas, ofreciéndonos así una perspectiva desconocida del mundo íntimo y artístico de la fotógrafa.

Francesca Woodman · Espacio Bernal · Lope de Vega, 17. Madrid
Del 26 de abril al 31 de mayo

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