Advertisement

“Brava” es el viaje sensorial de dos creadoras cuyos imaginarios vitales y artísticos se unen, complementan y entremezclan en un recorrido de doble dirección: dos formas de mirar, de narrar, de retratar.

De la mano de la cerveza El Águila, el Calendario de la Cultura de la revista El Duende quiere que descubras un Madrid lleno de tendencias y nuevas experiencias culturales auténticas.

Del 2 al 29 de febrero en la Cineteca llega a Matadero un ciclo del mítico estudio británico Aardman bajo el título ‘Aardman.

<
>

1997

Nada volvió a ser igual tras aquella tormenta

La primera imagen que me viene a la cabeza es llegar corriendo de la zona de acampada para poder ver a Urusei Yatsura –aquel efímero grupo punk-pop de Glasgow que por entonces me flipaba– mientras caía una tormenta de lluvia y viento de proporciones bíblicas. Los escoceses tocaron Chinese a toda tralla y el vendaval tiró el techo del escenario hacia abajo mientras los muy suicidas seguían tocando y la gente daba botes como bestias.

Echobelly_foto_oscar_l_tejeda

La música paró, el griterío atronó y lo siguiente que recuerdo es salir corriendo por la zona de prensa, un techo volando mientras Stephen Malkmus y Spiral Stairs (Pavement) miraban acojonados, llegar al exterior del recinto y ver a mis colegas saltando con alborozo sobre los charcos. “¡Esto es el apocalipsis y la gente se ha vuelto majara!”, pensé, al tiempo que empezaba a sentirme abatido por la frustración de saber que el festival tenía que cancelarse y que no iba a poder ver ni a Pavement, ni a Blur, ni a Veruca Salt.

La tercera edición del FIB Heineken fue especial, y no sólo por tan accidentado acontecimiento. Fue el último en el recinto del Velódromo y con unas condiciones que hoy observo con nostalgia: dos escenarios y una carpa dance, 12.000 personas, 9.900 pesetas el abono…

Suelo considerar 1997 como el año en que el Britpop comenzó a mostrar su decadencia. Los dos discos ingleses más relevantes fueron OK Computer de Radiohead y The Fat Of The Land de Prodigy. El incipiente movimiento breakbeat fue representado por unos Chemical Brothers en crecimiento exponencial en su segundo año consecutivo, prueba de que el indie se estaba redefiniendo… a pesar de unos Suede que, al final, se convirtieron en los reyes indiscutibles del Velódromo: concierto pletórico con el inigualable repertorio de sus tres primeros álbumes.

Pero, y pese a la presencia de algunos francotiradores inspirados como The Divine Comedy y de garantías ajenas a la tontería como Teenage Fanclub, lo que primaron fueron nombres perdiendo fuerza (estos Echobelly ya no eran los del primer año) o directamente ya olvidados. ¿Alguien se acuerda de Space, Drugstore, The Bluetones, Arkarna, Geneva?

Para mí aquel FIB Heineken fue importante también porque acudía por primera vez acreditado a un festival y, lo más sorprendente de todo, como editor de un fanzine antediluviano (valga la expresión) denominado “El Vómito de las Ninfas”, gracias a lo cual pude acudir a mi primera rueda de prensa, que fue (¡chispas!) Echobelly, y aprovechar para recomendarle a Sonya Aurora Madan que escuchase a Los Planetas, cosa que dudo llegase a hacer nunca.

Ahora miro el cartel de nuevo y lo que más me remueve es ver con congoja los nombres de El Niño Gusano y Sideral, observar con sorpresa que pinchó un tal Herbert cuya frente era menos visible entonces, recordarme sudando como un cerdo mientras veía a Diabologum sin saber que iban a hacer historia y lamentar como uno de mis grandes fracasos personales que, la tarde del domingo, mientras me refugiaba en la carpa de las primeras gotas de lluvia, escuché de refilón a unos tales Broadcast a quien nunca más volví a ver en directo. Hoy en día, es uno de mis grupos favoritos.


Texto: David Saavedra

Foto: Echobelly por Oscar L. Tejeda


VOLVER AL SUMARIO DE LA EDICIÓN

 

 

 

1997. El año de la tormenta.