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Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud
Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud

Nos vamos de viaje a Viena para visitar el rastro de Gustav Klimt, Egon Schiele, Otto Wagner y Koloman Moser con motivo del primer centenario de su desaparición.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida.

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Maika Makovski
Viaje interior

Por Andrés Castaño

Con Chinook Wind, lanzado al inicio del pasado verano, la mallorquina rebusca en los orígenes macedonios de su padre, en sus viajes, en sus vivencias y seduce los oídos con un disco hábilmente perfilado por John Parish.

Maika Makovski se transforma cuando se sube a un escenario, al cantar, al tocar el teclado o la guitarra. Sola o con banda crea una experiencia única: energética, pero también crepuscular. Desprende toda su fuerza, toda su alma. Consigue atraparte en su mundo.

Su disco Chinook Wind está inspirado en sus viajes: a Canadá, en una estancia en Macedonia con su familia paterna, estancias en el Reino Unido y en su querida Barcelona. “Es un disco con sus momentos de hielo. Pero es un disco de chimenea. En el que he simplificado al máximo”, nos asegura con su mirada profunda.

Catarsis

“Not in love” es uno de esos temas que parece que se hayan escrito solos. Nace de un momento en el que la emoción rige sobre la razón. Como “Sound of Distance” es un tema muy esencialmente humano. Me trasciende a mí. Y estoy muy orgullosa de él, porque tiene mucha verdad humana. Hay un poso de tristeza pero también mucha mala leche”, nos explica.

“Es un disco muy solitario, de autobúsqueda, de asumir muchas cosas… Raíces, fracasos, decepciones vitales… Y enamoramiento. Hay de todo. Es que es un viaje. Barcelona para mí es “Not in love”, “Bulldog”… Hostia, hostia, hostia… Y Macedonia es el cambio, el principio del cambio. Es un disco que va hacia la luz a pesar de que la vida no siempre es toda alegría y luz. Barcelona es importante porque es donde tenía mi casa. Ha sido el incidente incitador”, reconoce con autoridad.

Somos a veces testigos del mundo, nómadas con raíces pero con muchos lugares en nuestro corazón. “Barcelona ha sido hasta ahora mi centro de operaciones. No sé muy bien adónde voy a ir. Me gustaría mucho poder sentir que he llegado a casa. Y que a partir de ahí sigo siendo la nómada que soy, pero pudiendo transferir la persona que soy a unas cuantas paredes. Tengo hogares en el mundo pero no tengo raíces. Las tendré que echar porque no me vienen dadas” ¿El sino de la globalización? O la realidad de un mundo en continuo movimiento.

Macedonia

“Hay una conexión brutal con la sensibilidad artística. Descubrí canciones preciosas que espero tocar algún día. Y en los Balcanes tienen una manera de vivir los días y de vivir las cosas, como si fuera la última vez. Con mucha intensidad y mucha pasión. Y les pican las pulgas… Yo cuando toco siento que me pican las pulgas. Que tengo una urgencia, que tengo algo que sacar, que es inmediatamente o nunca. Y allí también son así”.

Ahora ha optado con un formato íntimo, batería y el Quartet Brossa. “Me gusta hacer las cosas con el máximo de cariño, de atención, y dándole su espacio a las sutilidades, que luego puedo ser brutal y agresiva, ruda. Pero me gusta tener ese espacio. Eso es amor. Y eso es lo que doy yo a mi música. También hay que saber dónde cabe tu música. Y este disco es para saborearlo”.

¿Cuál dirías que son tus barrios favoritos de Madrid?  Un paseo por Palacio es bueno para el alma, y una noche en Malasaña también.

Para ir de compras…entrar en las sombrererías antiguas de la plaza Mayor y arremangarme en el Rastro como si fuera a comer gambas.

Un local para perderte… la sala Wurlitzer.

Un rincón (o rincones) favorito.... Habíase una vez un restaurante llamado la Alacena en Cercedilla...

Qué echas de menos de tu barrio (y de Madrid) cuando te vas fuera…Echo de menos la libertad, la falta de juicio en los ojos de la gente y sus ganas de hacer cosas y pasarlo bien.

Para ti, un día ideal en Madrid consistiría en…Todo lo anterior, bueno, y un cine Doré o un Ideal.

Maika Makovski: la emoción sobre la razón en un escenario