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Álvaro Catalán de Ocón. Candil

Álvaro Catalán de Ocón
Arrojando luz

Con pie y medio puesto en el mercado internacional, Álvaro Catalán de Ocón (Madrid, 1975) es uno de los diseñadores españoles con mayor potencial de futuro. Su luz ya ha brillado con fuerza, por ejemplo, en Frankfurt, donde recibió el Design Plus Award, 2008 por su luminaria Laflaca, o Milan, en donde, junto a su colega Francesco Faccin, recibió el Design Report Award en el Salone Satellite 2010 por su luminaria Pielettrico.

Diluvia en Madrid. La mañana gris y las pequeñas ventanas acentúan el misterio y la calidez de las ingeniosas luminarias encendidas en el estudio de Álvaro Catalán de Ocón. Lo que antes era, casualmente, una antigua fábrica de lámparas, sigue siéndolo, pero a inferior escala, casi artesanal. El espacio, compartido con otros creadores, es ahora un taller en el que se observan planos de diseños, piezas desmontadas y plantas de todo tipo. Se respira una especial atmósfera de inteligencia y sensibilidad. 
Su filosofía de trabajo reside en obviar lo superfluo y acentuar lo imprescindible. “Para mí, una lámpara son sólo tres piezas. Un polo positivo, uno negativo y un aislante. Los materiales dependen de esas funciones. Vas descartando hasta dejar exclusivamente lo que te sirve, y así optimizas”, afirma.
Tras estudiar empresariales, se formó en diseño industrial en prestigiosas escuelas -IED de Milán, Saint Martin’s en Londres- lo que condicionó su futuro: “Mi estilo surge a partir de la luminaria Cornucopia, tras un encargo que me hicieron en la universidad con un brief muy concreto, limitante. Esas limitaciones han marcado mi trabajo. Y me gusta esto de que un trabajo te lleve a otro, que sea una cadena”.
Es raro que sus luminarias posean siquiera un interruptor: en la Cornucopia quitas la bombilla del casquillo, colocándola en otra posición; en otras, como en su Candil, o su diseño estrella, Lapieza, es el roce de tus dedos el que enciende y apaga y cambia la intensidad de la luz.

¿Qué luz buscas crear? La luz que te sorprende. Creo que mi trabajo tiene una primera lectura, una segunda, una tercera... Por ejemplo la Cornucopia tiene un sonido característico –se rasca el metal al sacar la bombilla- y lo asocias a ella al usarla. Más que ser capaz de dar una luz puntual, técnica, lo que me ha interesado ha sido esto.

Candil, inspirada en ese mismo objeto, rezuma el mismo perfeccionismo: “Esta forma de interactuar me ha llevado a jugar de forma poética con la bombilla. El candil vino a sustituir a la vela, hace 150 años, y la vela tiene unas connotaciones, ritualidad y se sigue usando, aún estando obsoleta, para crear una atmósfera. Busqué la bombilla icónica, con el casquillo de latón –sólo la encontró en Alemania-, con la potencia adecuada para que no ciegue, que no haga falta una pantalla, que quede cruda; la propia chapa es un marco para la bombilla... Creo que el diseñador apenas tiene que tomar decisiones, las toma el material”.

Sus piezas se exponen en galerías de arte, incluso en ARCOmadrid 2011 podremos verlas, y vende alguna en la tienda del Guggenheim Bilbao.
¿Estás más cerca del arte que del diseño? Por mi forma de trabajar, me gusta mancharme las manos, fabricar el prototipo casi como definitivo, y que el material me guíe. Entro en contacto con talleres, artesanos... Y eso es una riqueza para el diseñador. Parece que este se aleja de la industria. Creo que es por saturación del mercado. En la posguerra hacían falta productos. Hoy te mueves de ciudad y en dos meses ya tienes toda la casa. Antes venía la industria a encargarte un producto. Pero hoy el diseñador tiene que buscar a la empresa. El sistema no es natural, creo. Entonces te tiras a proyectos que no te pide la industria. Te haces un vendedor, además de diseñador. Además, hay hoy una tendencia a vender una sensación, más que un producto.

Su discurso se traslada, como era de esperar, hasta el embalaje: “Un producto no es sólo el objeto, lo puedes personificar, incluida la caja, las instrucciones, las bombillas de recambio, etc. Lo hago por el gusto de hacer las cosas bien hechas. El planeta ya no se sostiene así, y es inmoral, y para un diseñador industrial es triste estar haciendo algo para que se estropee. Yo he puesto una introducción en el manual que es como una cita que homenajea el libro el Elogio de la sombra. No doy un tratamiento a los materiales, para que cojan suciedad y se personalicen. Por ejemplo, el cobre lo trato para que cuando tú lo toques, dejes la huella, y el producto te dé una historia de su uso.

Curiosamente su diseño más reciente, Prima Table, no ilumina: es una mesa que será fabricada por la firma italiana Borella para el sector de la hostelería. No sólo de luz vive el hombre...

Texto: Javier Agustí. Foto: Candil (12V - 25W. Cobre, madera, latón y cristal) / en sumario: Pielettrico

Álvaro Catalán de Ocón. Arrojando luz