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Museo Ordos

Ma Yansong
El futuro en un desierto

Ma Yansong es un arquitecto inusual en la actualidad, no solo es una de las mentes más brillantes y creativas, sino que conjuga dos tradiciones aparentemente antagónicas. Oriente y Occidente se engranan en su formación y, en su experiencia, desde que las Torres Marylin en Canadá le abrieran el reconocimiento profesional.

La belleza y el desafío de sus edificios fluyen dentro de la firmeza de la sencillez discursiva y el alineamiento conceptual con la naturaleza. En estas premisas se asientan sus obras, siendo el mejor ejemplo, la más reciente de ellas, el Museo Ordos en Mongolia. Un edificio futurista en medio del desierto que paradójicamente, y en perfecta simbiosis con su entorno, logra un espacio único en el mundo de poderosa fuerza visual.

¿Qué relación tiene su arquitectura con la naturaleza? A mi arquitectura se la suele llamar “arquitectura verde”, pero en realidad un edificio va a ser siempre un objeto artificial inserto en un ecosistema. Decía el escritor Lao She que “la belleza del viejo Pekín existe en los espacios vacíos que ha dejado la arquitectura, donde crecen los árboles y viven los pájaros”. Me inspira esa filosofía. Quiero que mis creaciones se integren en un entorno de la manera menos invasiva posible, que encajen naturalmente, como un elemento más, y, sobre todo, que resulten útiles a la gente. La arquitectura no es una máquina, sino un producto que puede aprovechar los elementos naturales (agua, luz, etc.). Yo aprecio la síntesis de naturaleza y urbanismo, como creo que la aprecia todo el mundo, y la arquitectura puede facilitarla. Los edificios permanecen durante décadas en las ciudades, forman parte de su paisaje, condicionan la vida de sus viandantes.

Ha desarrollado distintas facetas creativas como el montaje de instalaciones, pero, ¿qué particulariza a la del arquitecto? El proceso creativo de un arquitecto tiene similitudes con el de un artista, pese a las obvias diferencias prácticas. Al igual que un poeta o un pintor, un arquitecto siente la inspiración y la emoción de emprender una creación ante un emplazamiento interesante y que se puede convertir en valioso para ubicar una estructura que cumplirá un servicio. Luego, la estructura concreta se define cuando uno se pone a diseñar.

En el pasado mes de abril (2012) concluyeron las obras del Museo Ordos. ¿Cómo lo creó? En el caso del Museo Ordos, perseguía algo sobrio y abstracto, porque está en pleno desierto del distrito de Kangbashi (en la Mongolia interior), y los mongoles no quieren imitar a sus vecinos sino crear un paisaje personal y que contraste con el del resto del mundo. Querían algo diferente, su propio edificio, pero nunca habían tenido arquitectura moderna con anterioridad, por lo que pensé que tal vez era necesario traer algo del futuro, como un objeto abstracto parecido a una nave espacial. Era imprescindible proponer esta arquitectura ligera, sencilla, alejada de tendencias e inundada de luz natural. Creo que ha resultado. Acoge arte y además ha dinamizado su entorno. Para mí la forma es una idea muy sencilla, una concha, un caparazón que ofrece protección.

A menudo acaban siendo más conocidos los edificios de los museos que las obras artísticas que albergan en su interior. Pero, ¿a la arquitectura se le reconoce el mérito que, a su juicio, merece? La arquitectura es ambiciosa. Pretende crear algo tan importante como un hábitat para acoger a personas, y que estas sean más felices en él que en otros lugares. Quizá no se le reconozca esa importancia, pero los responsables son los propios arquitectos, que no ponen su creaciones al servicio de la gente, y obvian esa responsabilidad social que tienen.

¿Cree que el concepto que tienen los usuarios de sus edificios sobre estos coincide con aquel con el que usted los creó? Bueno, la relación entre una construcción y su usuario, o entre el arquitecto y el usuario, es una relación a largo plazo. Veremos cómo se perciben en el futuro. Aunque desde el primer momento, uno ya tiene una impresión concreta de un edificio. Los míos no son comunes, por su estructura orgánica, curva y pretendidamente sobria, pero eso no quiere decir que no pueda encajar en el gusto y las necesidades de la gente. Pongo un ejemplo: hace algún tiempo se realizó una investigación en la que se animaba a un grupo de personas a utilizar un lavabo, todas ellas al mismo tiempo, y ninguna se salió de los bordes de las baldosas. Esto es una herencia de la revolución industrial: marcar unos patrones físicos donde la gente ha de moverse. Pero si probamos a anclarlos, probablemente a los usuarios les guste. A la hora de diseñar un edificio, es preferible olvidarse de clichés y analizar los sentimientos y necesidades de la gente, preocuparse por estudiar los efectos que la luz o el espacio tiene en ella. Solo así responderemos a sus necesidades, y solo así se identificará con la arquitectura.

¿El diseño de un edificio debe estar influido por la cultura y tradición de la sociedad en que se ubica? Es diferente si estamos hablando de un lugar natural, de una ciudad moderna o de un contexto muy urbano. Con el paso de los años, la moda y la tecnología cambian, pero las grandes construcciones permanecen. Tenemos que crear algo, pues, que esté por encima de las tendencias, que armonice las sensaciones. Los rascacielos de muchos lugares de Norteamérica tienen una gran tradición a sus espaldas, y su aspecto está claramente influido por el modelo económico vigente en el momento en el que los construyeron, cuando la altitud de los edificios era un símbolo de poder y riqueza. Son, digamos, una memoria de una época. Pero, por ejemplo, Mississauga, donde yo ubiqué las torres Marilyn, es una ciudad nueva, emergente, como lo son muchas en China. Ahí tenemos la oportunidad de crear algo más humano, más natural, más relacionado con la gente. Los edificios tienen que estar pensados para eso.

Ha estado en España recientemente. ¿Cómo ve la arquitectura de nuestro país? Me entusiasma Gaudí, tan artístico y relajante, y con vínculos con la naturaleza. En general, la arquitectura española me parece relajante, cálida y tradicional.

 

MUSEO ORDOS
Localización: Ordos, China. Área de construcción: 41. 227 m2. Altura edificio: 40 m. Directores: Ma Yansong, Yosuke Hayano, Dang Qun.
El Museo se encuentra en la ciudad de Ordos. Impulsada por una economía pujante, las autoridades de la ciudad decidieron crear una nueva ciudad a decenas de kilómetros de la ciudad original, en un emplazamiento que, hasta entonces, no era nada más que el desierto del Gobi. El plan urbanístico trazó una imagen simbólica, un amanecer constante sobre la tierra. Inspirada en el Manhattan Dome de Fuller, el edificio se diseñó para ser el núcleo irregular de la nueva ciudad e impulsar y la historia y cultura de Ordos hacia el futuro. Con la intención de reactivar la ciudad toma una forma irregular que contrasta con la estricta geometría del diseño urbanístico de la ciudad. La estructura se envuelve en capas de metal pulido que reflejan y se confunden con su entorno. Este caparazón crea un nuevo espacio en su interior que invita a los visitantes. El espacio intramuros se divide en varias salas de exposición limitadas por muros continuos curvos donde la luz y la ventilación natural se consiguen gracias al diseño de la cubierta y las paredes.

Texto: Mayte Rodríguez. Fotos: Museo Ordos.

Ma Yansong. El futuro en un desierto