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El arte de las sensaciones
 
Por Raúl Losánez
 
Fue a finales de los 80 y principios de los 90 cuando las más avezadas compañías empezaron a entender que la rigidez que caracterizaba el lenguaje artístico bajo la carpa estaba amenazando, por agotamiento del público, incluso a la propia existencia de esta noble disciplina de la sorpresa y el entretenimiento. Así empezaba a fraguarse lo que ahora se ha convertido, sin duda, en icono cultural de este siglo adolescente: el nuevo circo o el circo contemporáneo.
 
Y en todo este proceso de renovación ha tenido especial protagonismo Cirque du Soleil (Circo del Sol en español), la compañía canadiense que empezó a expandir el código circense a otros ambientes y logró acomodarlo en ellos con pasmosa facilidad.
 
Ellos hicieron que las técnicas del circo de toda la vida se desarrollaran de pronto en una atmósfera impregnada de la frescura de los espectáculos callejeros, de la propia idiosincrasia de los personajes que ideaban y de los poéticos retazos de otros lenguajes como la danza y la música. Y trataron, además, de que todo ello discurriera por un estrecho pero ininterrumpido cauce dramático. 
 
Lo que vino después es de sobra conocido: el público se rindió a esta nueva y espectacular fantasía que proponía Cirque du Soleil y la puerta quedó abierta así a otras compañías que venían trabajando en esta línea más vanguardista pero que no habían obtenido aún un claro reconocimiento popular. 
 
Por su parte, las otras artes escénicas volvían también su mirada al circo para explorar sus posibilidades y enriquecerse con su espectacularidad. Quizá el más osado hasta la fecha en este sentido haya sido en nuestro país el director escénico Andrés Lima con Capitalismo, un ecléctico montaje a medio camino entro lo teatral y lo circense que reflexionaba sobre ese sistema político y económico al que el título alude.
 
La obra se estrenó en el Teatro Circo Price, en Madrid, con un fabuloso elenco en el que Luis Bermejo era uno de los protagonistas. 'En Capitalismo se hizo un trabajo performático muy ambicioso que tenía en común con el lenguaje del nuevo circo que trataba de ser integrador y vanguardista, pero en el que seguía siendo importante el texto. Lo nuestro no era tanto ese ‘big show’ que es el nuevo circo'.
 
Y es esa grandiosidad que tiene el nuevo circo lo que le permite golpear violentamente al espectador a través de sus sentidos con una capacidad difícil de igualar por otras artes. El actor y director Alberto Castrillo-Ferrer, formado en París en la escuela que fundara el gran mimo francés Marcel Marceau, sabe muy bien cuáles son las armas de este nuevo circo: 'El circo puede tener una dimensión de espectacularidad que para el teatro, que está más constreñido por la historia y por los personajes dentro de un espacio dramático, es más difícil; aunque obviamente no tiene la profundidad de aquel, claro. Por eso lo interesante en el nuevo circo, que además tiene a veces una poderosa maquinaria económica detrás, es integrar la dramaturgia al espectáculo'.
 
Vivimos en un mundo veloz y cambiante, no hay duda de ello; pasamos deprisa frente a todo, deteniéndonos si acaso ante el poder de una imagen, la suntuosidad de un aroma o el magnetismo de una melodía.  Y eso es lo que intenta proporcionar el nuevo circo ante toda: sensaciones que acaparen nuestra atención, que nos cautiven. Lo explica muy bien Daniel Galindo, director del programa de Radio Nacional de España sobre artes escénicas La Sala: 'El nuevo circo ha sabido huir de la sobriedad para buscar el mestizaje, y ha roto los patrones establecidos hasta dar con la clave para retener confortablemente a su público en un mundo en el que el color, la música y la proeza humana lo subyuguen'.   
 
Recuperar el cartel. El artista Ricardo Cavolo, uno de nuestros talentos más reconocidos del mundo de la ilustración, empezó a darse a conocer en el tiempo en que colaboró con el proyecto Safewalls de Cirque Du Soleil en 2011 con el cartel que ves en estas páginas. Dicho proyecto trataba de recuperar el arte del cartel de circo de la mano de artistas urbanos internacionales.
 
Ahora, en nuestra mayoría de edad, Cavolo nos cede esta imagen y escoge como icono cultural generacional a un creador de otro 'circo', el musical: 'Para mí, ese icono creo que sería Kanye West. Musicalmente me encanta, pero sobre todo me ha influido a la hora de saber desarrollar artísticamente sus propios proyectos siendo muy fiel a su modo de ver las cosas. Y creo que, en su ámbito, es una especie de genio”. 

El arte de las sensaciones