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Pues resulta que todo termina cuando Miqui me propone que escriba su artículo y yo le digo que sí aunque ya no comprendo nuestra amistad, ni siquiera sé si su nombre real es Miqui —me pregunto quién tolera que lo llamen así—, e igual con su apellido, Valenciaga, Valenzuela… 

...me acerco al mar como quien va a una iglesia, algo así, porque lo que a mí me ocurre no tiene remedio y cuando se va a la iglesia, es lo que sientes, que ya no hay solución, si no, cómo te vas a meter en una iglesia a rezar si aún hay algo que puedas hacer

Cada edificio de oficinas tiene tres, cinco, siete plantas. Diez. En cada planta hay varios departamentos separados por placas. Los techos altos surcados por cables quedan ocultos por cuadrados blancos

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José Sacristán = Fetiche indie
 
Por Andrea G. Bermejo
 
Habitual del Landismo, símbolo de la Transición y actor fetiche de los nuevos directores indies. ¿Es Sacristán uno de los mayores iconos del cine español? Mario Casas, María Valverde, Isaki Lacuesta y Carlos Vermut responden por nosotros.
 
David Trueba hizo una cosa insólita en 2011. Para abordar su quinto largometraje, Madrid 1987, el director encerró a la jovencísima María Valverde en un baño con José Sacristán. Por aquel entonces, Pepe, como le llaman a secas todos los que le adoran (que son todos los que han trabajado con él), llevaba más de una década refugiándose en el teatro y los musicales ante aquellos papeles para cine que no terminaban de convencerle. Pero con la llamada de Trueba aquella sequía estaba a punto de terminar. Paradójicamente, el encierro al que este le había sometido le iba a abrir las puertas a una nueva generación de directores y actores. 
 
Un año después de Madrid 1987 José Sacristán (Chinchón, 1937) protagonizó El muerto y ser feliz, de uno de los autores más celebrados de nuestro cine, Javier Rebollo. Desde entonces, ha combinado proyectos más convencionales (Perdiendo el norte, Velvet) con otros independientes como Vulcania, Quatretondeta o Murieron por encima de sus posibilidades.
 
Cuando le preguntamos a su director, Isaki Lacuesta, por qué quiso contar con Sacristán en aquella comedia disparatada sobre la crisis, el ganador de una Concha de Oro se deshace en halagos: 'Si –cosa improbable- me encargaran dirigir una biografía de Fernando Fernán-Gómez, llamaría para interpretarle a Pepe Sacristán. Si me encargaran una biografía de Gonzalo Suárez, llamaría a Pepe Sacristán. Si me encargaran una biografía de Dios, de Messi o de Tom Cruise, llamaría a Sacristán. ¡Menudo tío!'. 
 
'Sacristán te conecta con la historia del cine español. Es un privilegio', afirma Carlos Vermut, el director revelación que fascinó a la industria con el sorprendente noir castizo Magical Girl. En ella, no tuvo dudas de fichar al actor madrileño para el personaje atormentado por Bárbara Lennie que acababa liándose a tiros por aquella femme fatale. Aunque ese papel poco tenía que ver con la extensa trayectoria de Sacristán, el director de Diamond Flash sabía que la presencia de Sacristán en su segunda película le emparentaba con nuestro pasado cinematográfico tanto como la copla.
 
No obstante, el intérprete de Chinchón fue un habitual del Landismo -El apartamento de la tentación, No desearás a la mujer del vecino…- y un símbolo del cine de la Transición. En cuanto a esto último, ¿no se convierte un actor en icono instantáneo al trabajar con Garci, Mario Camus, Berlanga y Fernando Fernán Gómez?
 
'La trayectoria de Sacristán es de esas que, como actor, te gustaría poder llegar a tener', opina Mario Casas. El protagonista de Palmeras en la nieve tiene a Sacristán como uno de sus referentes desde que ambos coincidiesen trabajando en Toro. 'Yo quería agradar a Sacristán y que se sintiese orgulloso de la generación de actores jóvenes a la que represento –sigue Casas–. Da respeto, pero, a la vez, te da ganas de prepararte más para estar a la altura'. 
 
Esa carrera sólida y constante de una de las voces más imponentes del cine español bastaría para impresionar al gremio más joven en esta profesión tan incierta. Y, sin embargo, no es el único motivo para que todos los que han trabajado con él lo reverencien como a un maestro. 'Junto a José compartí uno de los mejores rodajes de mi vida –reconoce María Valverde sobre Madrid 1987–. Recuerdo la generosidad que tuvo conmigo en todo momento. Lo único que podía hacer era callar y escuchar, como un alumno hace con su profesor'.
 
No es la única que apela a su bondad. '¡Hacemos cine por el placer de aprender y por compartir algunos ratos de esta vida con personas admirables como Pepe, que sabe cantar copla, matar a un ruiseñor y resumir España en un susurro al mismo tiempo', reivindica Lacuesta. Algo con lo que está de acuerdo Vermut.
 
Pero con una objeción: 'Me parecería injusto que su imagen como icono perdurase más que su persona. Creo que es un grandísimo actor porque es una grandísima persona también. Por resumirlo, Pepe es más importante que José Sacristán'. Sea lo primero o lo segundo, lo que está claro es que en este país de mala memoria él sigue siendo un icono del que nadie, absolutamente nadie, se olvida. 

Fetiche indie