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La decisión de Sophie
 
Por Paloma F. Fidalgo · Foto © Anne Hojlund Nicolajsen
 
Ser hija de Paul Auster, uno de los mayores autores de nuestro tiempo además de un icono de Nueva York, y de la también grandísima escritora Siri Hustvedt, podría resultar intimidante. Pero Sophie Auster (Brooklyn, 1987) ha sabido crear una personalidad artística ajena no solo a la familia, también a las corrientes del mercado. Es actriz desde niña, cotizada modelo, compositora y cantante. El pasado otoño actuó en Madrid. No le apetece que hablemos de su padre.
 
Si Nueva York fuese una canción, nos dice que un posible título sería Tristeza gitana. Quién sabe, lo mismo conseguimos que se lo ponga a una de sus futuras composiciones. Por otro lado, la canción que mejor puede definir para ella la esencia de la ciudad podría ser Walk on the wild side, de Lou Reed, a quien tuvo la suerte de conocer cuando rodó con su padre la película Blue in the face, en la que ella hizo su primer papel en el cine con apenas ocho años.
 
Un artista puede serlo en muchas facetas. Tú eres música, actriz y modelo. ¿Alguna de estas cosas predomina? Yo creo que, en los tiempos que corren, es importante ser polifacético. Crecí cantando, y lo de actuar lo he hecho prácticamente siempre; respiro y vivo con música, y si tengo la oportunidad de actuar, me alegro, porque es otra vía de expresión, y muy potente. En la canción llevo las riendas, en la actuación tengo que trabajar en comunidad. En cuanto al mundo de la moda, me financia la vena creativa, pues, a través de la colaboración y el apoyo de las marcas, he podido ser una artista independiente. Así que prevalece todo. No puedo imaginarme vivir de otra manera que no sea haciendo lo que me gusta. No me queda otra que luchar para ser la mejor artista que pueda ser.  
 
Crees más en el trabajo que en la inspiración. Creo que el talento es insuficiente. Se necesitan grandes dosis de tiempo y energía para labrarse una carrera. Y tener los pies en la tierra.
 
Tu música es intimista, próxima al jazz pero de género híbrido. ¿Te sientes integrada y cómoda en las tendencias musicales de tu generación?  Hay músicos, y muchos, con gran talento. Admiro a Laura Marling, Nicole Atkins, Lake Street Dive, Margaret Glaspy, Asaf Avidan o The Alabama Shakes. Pero, personalmente, he rechazado el sonido de la música más popular de hoy. Eso te dificulta hacerte un hueco en el mercado, pero me siento incapaz de traicionar mi instinto y mi estilo solo por encajar. 
 
'Lo único que me queda es convertirme en otro fantasma entre fantasmas; en una sombra cien veces más oscura'. Las letras de tus canciones, viscerales y desasosegantes, tienen gran carga literaria. ¿Te verías en un proyecto íntegramente literario? No, no me veo escribiendo un libro, al menos a corto plazo. Y en mis letras siempre he intentado combatir las temáticas de las letras clásicas, no hablar siempre de  chicos y chicas, y cosas así. Me motiva también hablar del problema que tiene mi país con las armas, por ejemplo.
 
Te has involucrado en las campañas de Obama. Vivo el compromiso político con naturalidad.
 
Tienes tres discos en el mercado: Sophie Auster, Red Weather y Dogs and Men. ¿Cómo has cambiado de uno a otro? Te vas conociendo mejor con los años, haciendo más auténtica y adquiriendo seguridad. Y lo que tengo claro que me ha hecho mejor intérprete es viajar en giras. La sensación que busco es sentirme como en casa al interpretar mi arte.
 
Hablas de las giras. ¿Sientes afinidad con el continente europeo? Has triunfado en Francia, y te has declarado influida por la literatura francesa, especialmente por los Malditos (Baudelaire, Verlaine, Eluard…). Sí, mi relación con Francia se debe básicamente a que el francés es un lenguaje cuya sonoridad y expresividad me encantan. En efecto, la literatura francesa me ha resultado siempre muy inspiradora, de Stendhal a Baudeleaire. Me gusta Francia por sus grandes escritores.
 
También has trabajado en España. En cine, en Circuit, a las órdenes de Xabier Ribera. Trabajar en España fue una experiencia inolvidable. Tuve una sesión de fotos en Barcelona, y enseguida me integré en la cultura de la ciudad. Hay una energía y un espíritu muy especiales. Es uno de mis lugares favoritos. 
 
¿Qué lugares de la ciudad te resultan inspiradores? Me inspira muchísimo la Colección Frick [una de las mejores colecciones de arte privadas que puedes encontrar en Nueva York: 1100 obras que van desde el renacimiento hasta finales del siglo XIX], el Jardín Botánico, la Estación Central y el metro. 
 
¿Algún lugar del Nueva York literario? He aquí un surtido de librerías y bibliotecas que me encantan: The Strand, The Community Book Store, The New York Public Library, McNally Jackson Books, Astoria Bookshop y Albertine.   
 

La decisión de Sophie