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Nueva York busca CROONERS
 
Por Benjamín G. Rosado · Fotografía: Frank Sinatra © Universal Music
 
Frank Sinatra no tiene calle en Nueva York porque eso supondría invertir el orden de los factores, y todo el mundo sabe que La Voz odiaba las matemáticas casi tanto como el rock and roll. El día de su muerte, en 1998, dejó una fortuna valorada en más de 200 millones dólares y varias mansiones, aunque su verdadera herencia se la siguen disputando hoy en los micrófonos una nueva (o no tanto) generación de crooners. 
 
Viene a cuento la cuestión sucesoria porque el Ambassador Theatre Group está trabajando en un musical sobre la vida del cantante que se estrenará en Nueva York en 2018 coincidiendo con el vigésimo aniversario de su desaparición. Todo un reto para los productores si tenemos en cuenta los excesos biográficos (Mafia se llamaba el caniche) y musicales (1.400 canciones) del protagonista y la previsible avalancha de candidatos.   
 
Nada hace suponer que Michael Bublé se presente al casting pero no hay duda de que al émulo canadiense, que se ha abierto paso invocando standards clásicos del Rat Pack, le sobran galones. Entre otras cosas porque su padrino discográfico, Paul Anka, fue el autor de la versión en inglés de Comme d’habitude, más tarde popularizada por Sinatra como My Way.  
 
A su manera también Jamie Cullum podría defender el papel en Broadway, toda vez que el músico multifaceta aceptó en 2007 un pulso vocal con Sinatra en los estudios de grabación con motivo de The Kings of Swing. No hubo ganador, aunque en la industria muchos siguen refiriéndose a Cullum como el 'Sinatra en zapatillas de deporte'. 
 
La mismísima hija de Frank, Nancy, propuso como sucesor a Harry Connick Jr., que llegó a cantar con 23 años en la gala del 75º aniversario de Sinatra. Durante la actuación le traicionaron los nervios y se olvidó la letra. Esa noche, Harry y Frank coincidieron en el ascensor del hotel. El joven se disculpó ante su ídolo y Frank respondió besando en los labios a la novia de su discípulo
 
El año pasado, con motivo del centenario del nacimiento de Sinatra, el jovencísimo Sam Smith participó junto a Lady Gaga en un multitudinario concierto-homenaje en Las Vegas. Con su interpretación de My Funny Valentine, la estrella de los Grammy y nuevo vocalista de los agentes 007 volvió a dignificar el término crooner. 
 
También habría que incluir en la lista al melancólico Richard Hawley, que el año pasado publicó Hollow Meadows, su octavo disco de estudio. El ex guitarrista de Pulp lleva tres lustros reivindicándose como crooner, aunque su intimismo melódico sea algo más ronco y hasta siniestro que el de los años dorados de las big bands. 
 
En 2004, Hawley y Morrissey, otro posible candidato, convocaron en los micrófonos a Nancy Sinatra para un surtido de dúos tras un largo silencio discográfico. Dos años más tarde, el cantante de los Smiths se probó a sí mismo en la canción clásica a propósito de The Ringleader of the Tormentors. No fue su mejor disco, pero tampoco el peor. 
 
También a golpe de dúo se encaramó Robbie Williams a lo más alto de las listas de éxitos en 2001. Su Something stupid junto a una arrebatadora y sensual Nicole Kidman le abrió las puertas del universo Sinatra, a quien siempre consideró su 'gran maestro'. No conforme, en el disco se marca otro dúo con un remasterizado Sinatra a propósito de It Was a Very Good Year.  
 
El autoproclamado renovador del género e ideólogo del techno-crooner, Jay Jay Johanson ha ensanchado el horizonte de influencias con un estilo heterodoxo que combina la música electrónica con sonidos cercanos al jazz y la bossa nova y deudores también del traditional pop de los años 50 estadounidenses. Un Sinatra de lo más ecléctico y en versión DJ.  
 
Adam Green, ex miembro de los Moldy Peaches, lleva un par de años renegando de su pasado crooner, ese punto de inflexión en solitario que fueron Garfield y Friends of Mine pero sobre todo el desinhibido y melodramático Jacket Full of Danger. El enfant terrible de la música independiente y teórico del antifolk ahora flirtea con el soul y quiere ser anti-crooner.  
 
Mientras Bublé, Connick o incluso Rod Stewart buscaban rasgos de Sinatra en el espejo, Rufus Wainwright se midió al mito en su homenaje a Judy Garland. Aquel sensacional directo en el Carnegie Hall lo acercó a Sinatra más de lo que ambos habrían deseado. “Sinatra me pasó el testigo –llegó a decir–, sin imaginar que se lo daba a un homosexual y reina de la ópera”. 
 
La última candidatura es para Sal Valentinetti, a quien probablemente no conozcan pero que representa a todas las estrellas fugaces de la Voz y otros sucedáneos televisivos para talentos emergentes. El repentino ascenso de los 'nuevos Sinatras' que se anuncian con redoble catódico de tambores sólo es comparable a la velocidad con que la gente olvida sus nombres. Ya lo dijo Sinatra: 'El único cantante mejor que yo se llama Michael Jackson'. Ahí el listón.  
 

Nueva York busca crooners