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Metrograph
paraíso cinéfilo
 
Por Irene Crespo · Fotos, arriba: Alexander Olch; drcha: Metrograph © Takako Ida 
 
Seis años le llevó a Alexander Olch encontrar el local perfecto para su proyecto soñado: un cine en el que revivir aquellas experiencias que vivió de niño en su infancia en Manhattan, cuando aprendió a amar las películas en aquellos teatros de pantallas enormes y butacas de terciopelo, todos ellos ya desaparecidos, como The Beekman, The Plaza o el más recientemente clausurado y favorito de Martin Scorsese, Ziegfeld Theatre
 
Olch estaba decidido a recuperar 'el glamour de esos cines', aunque le tildaran de loco en esta realidad que vivimos hoy en la que sólo los multisalas con blockbusters sobreviven. El local lo consiguió, por suerte, en el barrio que más adora de Nueva York, el suyo: el Lower East Side. Donde vive desde hace años y donde abrió en 2014 la primera tienda de su exclusiva marca de corbatas, Olch. En plena calle Ludlow, en un antiguo almacén de comidas, abrió Metrograph, un cine con dos salas (la más grande tiene 175 asientos, la más pequeña, 50), librería, café, restaurante y, por supuesto, palomitas y caramelos, pero de diseño. 
 
Todo en Metrograph está pensado para el disfrute del cinéfilo, desde la programación para la que cuenta con Jake Perlin (programador de la Film Society del Lincoln Center) e invitados ilustres, hasta la carta del restaurante que incluye un 'menú para escritores', para poder comer con una mano sin dejar de teclear. Para Alexander Olch, Metrograph 'es un proyecto tan interesante, complicado, desafiante y maravilloso como hacer una película' porque ''requiere la misma capacidad de atención a todos los detalles'. 
 
Cineasta de formación y de vocación, Alexander Olch nació y creció en Nueva York inspirado por su vida cultural. Estudió cine en Harvard, pero fue al acabar sus estudios allí, cuando dio el salto al diseño de corbatas de la manera más casual posible: para celebrar el final de su película de fin de carrera le hizo una corbata a cada miembro del equipo de rodaje. Se corrió la voz por el campus, y sus antiguos compañeros, ya convertidos en yuppies de carteras abultadas, le pidieron también corbatas personalizadas.
 
Al final, hace algo más de una década, acabó vendiendo en los exclusivos almacenes neoyorquinos, Barneys. Y en 2014 decidió abrir su primera tienda, por supuesto en el Lower East Side, en la que además de corbatas, ahora vende pajaritas, tirantes, y camisas para hombres y para mujeres.
 
Se lanzó al diseño porque era un 'cineasta hambriento', dice siempre; y pasó a ser un 'diseñador vago'. Sólo crea corbatas o nuevas prendas por sugerencia o encargo de amigos y clientes –como le pasó con las camisas que le sugirió Barneys–. Pero ahora el plan B le ha permitido una vida cómoda que sufrague su plan A: hacer y ver cine. Seguirá siendo un diseñador vago, pero ya no es cineasta hambriento.
 
Si algo le pasa, es que saca poco tiempo para dirigir películas. La primera y última fue el documental The Windmill Movie, sobre su ídolo y profesor en Harvard, Richard P. Rogers, que estrenó en un pequeño circuito independiente en 2008. Una película que ahora pondría poner en Metrograph y que, además, le sirvió para diseñar una de sus corbatas fetiche: negra con pequeños molinos de viento blancos.
 
'Siempre pensé que diseño y cine no eran excluyentes', cuenta Olch. La moda no está reñida con el cine, al contrario se buscan y complementan. Como Karl Lagerfeld y sus fashion films para Chanel, recuerda. O como ocurre en una de sus películas favoritas, probablemente su preferida, 39 escalones. 'El mundo sería mejor si todos los hombres vistiésemos tan bien como Robert Donat cuando tiene que ser esposado a Madeleine Carroll, y corriéramos detrás de misteriosos agentes secretos.
 
Aún no ha encontrado excusa o momento en los tres últimos meses desde que abrió las puertas Metrograph para proyectar 39 escalones, pero lo hará, pondrá a su “héroe chic” en su gran pantalla de 35mm, que aspira a convertirse en el rincón favorito del vecindario, pero también de toda la comunidad cinematográfica de Nueva York. Espera ser el nuevo cine favorito de Scorsese, de Noah Baumbach, de la crítica y de futuras películas que se fragüen delante de un steak tartar y un bloody mary en su restaurante.   

Paraíso cinéfilo