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Exposición de Renger-Patzsch una de las figuras más representativas e influyentes de la historia de la fotografía del sXX

Un espacio que acoge cerca de 400 imágenes con material documental como periódicos, revistas o prototipos de cámaras, entre otros. La mejor forma de relatar la historia de un siglo de fotografía

Brunch -in the Park se convierte en el templo de la electrónica en Madrid. Todos los domingos, desde el 4 de junio hasta el 16 de julio, el parque de Tierno Galván es el centro de operaciones de un festival que fusiona sol, música, gastronomía, aire libre y actividades infantiles

 

Fusionar música y noches estrelladas no puede salir mal: regresa la segunda edición del ciclo Noches del Botánico con una ecléctica propuesta que inaugura Tony Bennet el próximo 22 de junio

 

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Viñetas desde el paraíso
The New Yorker. Peter Steiner
 
Por Paloma F. Fidalgo · Viñeta: Trump the shooter, por Peter Steiner
 
Peter Steiner es uno de los viñetistas 'senior' de The New Yorker, aunque no lo admitieron, precisamente, a la primera. Su viñeta On the internet nobody knows you’re a dog ha sido la más reproducida de la historia de esta revista, con cuya calidad actual es crítico. Además de para la sátira, empuña el boli también como escritor –lleva cinco novelas publicadas, ninguna en Europa- y el pincel, para sus cuadros abstractos. 
 
Para un viñetista, trabajar en The New Yorker, ¿es insuperable? Desde que se fundó hace más de noventa años ha sido el Everest para todo aspirante a humorista gráfico. Los viñetistas estadounidenses más grandes -Charles Addams, Peter Arno o James Thurber, entre otros-, han publicado en esa revista, que recibe miles de propuestas de dibujos al mes, compitiendo por solo veinte espacios disponibles. Así que, la primera vez que me aceptaron un dibujo, fue una alegría indescriptible.
 
No le dijeron que sí a la primera. Me compraron la primera viñeta en 1979 después de haber presentado de diez a quince dibujos semanalmente durante unos dos años. Y no ha sido nada fácil mantenerme como viñetista habitual. No es difícil tener una idea para un dibujo. O dos. Pero tener miles de ideas es agotador.
 
Su viñeta On the internet nobody knows you’re a dog es la más reproducida de la historia de la revista. De ego va bien, ¿no? Es de agradecer como estadística, pero no creas que le doy mucha importancia. Hay muchos otros dibujos que creo que son mejores. Recuerdo que aquel lo hice sin saber cuál iba a ser el título. Internet era una herramienta muy nueva entonces, y sencillamente me pregunté qué podría descubrir un perro en la red.
 
Tiene usted un currículo impresionante: doctor en Literatura Alemana, profesor de universidad, escritor, pintor y, por supuesto, aclamadísimo viñetista de The New Yorker. Lo de doctor en Literatura Alemana me queda ya bastante lejos, en el pasado más remoto, y lo de ser dibujante es el más reciente. Hoy, voy y vengo de la pintura a la escritura, sobre todo he estado escribiendo los últimos tres años. El febrero pasado publiqué mi quinta novela, El capitalista. Todas las que he escrito tienen lugar en Francia, pero ninguna se ha publicado en Europa (suelto esto por si hay por ahí algún editor español leyendo esta entrevista). Últimamente también he publicado una novela gráfica, Un ateo en el cielo, que autoedité como libro de arte de edición limitada. Y ahora estoy empezando a pintar de nuevo. Las viñetas todavía me las pide el cuerpo, pero fundamentalmente las recopilo en mi blog Hopeless but not Serious.
 
¿En qué se diferencia pintar un cuadro de pintar una viñeta? Son dos procesos muy distintos. Una viñeta combina escritura y dibujo. Incluso aunque no haya ninguna palabra escrita, tendrás que tener clara una idea en la mente al ponerte manos a la obra, porque ésta vertebrará el trabajo. Además, trabajar con boli o tinta es totalmente distinto de trabajar con pintura al óleo o acrílica. Cuando pinto, inicialmente tengo una idea -retrato, paisaje...- pero es sólo una intuición muy vaga de cómo quedará al final. Una vez que empiezo a darle color, todas las ideas preconcebidas se van al garete. Pintar, para mí, es explorar, descubrir y fallar. La mayoría de mis mejores pinturas fueron un absoluto desastre justo antes de terminarlas.
 
Se dice que vivimos una época de excesiva corrección política, y el año pasado en Francia vivieron el ataque a Charlie Hebdo. ¿Son malos tiempos para el humor? Al contrario, precisamente por eso debería ser un buen momento para el humor, aunque también sea peligroso. Cuanta más corrección política se impone, más necesario se vuelve el humor, y más valor se requiere para hacerlo. Pero buena parte del mejor humor contemporáneo no se hace en viñetas, ha encontrado otros medios para expresarse. Hoy, en Estados Unidos, el humor político más feroz nos lo sirven la televisión y el cine. Y quizás Internet, aunque, la verdad, yo no paso tanto tiempo por ahí como para asegurarlo. Los dibujos animados y la sátira que uno ve en los periódicos y revistas, son, en su mayoría, flojos, cohibidos y poco interesantes. En general, los viñetistas estadounidenses han perdido la valentía. Y por desgracia, esto va también por The New Yorker.
 
¿Damos un paseo por Nueva York? Vamos al Metropolitan y al nuevo Museo Whitney de Arte Estadounidense. Recorramos el High Line, el parque elevado. Y el resto del día caminemos, caminemos y caminemos. Lo mejor de Nueva York son los barrios y las calles.    

Viñetas desde el paraíso