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Kamikazes del asfalto
 
Por Raúl Losanez
 
Probablemente no haya esta temporada, en el ámbito teatral, nada que haya generado tanta expectación como el nuevo proyecto de Kamikaze. Un teatro erigido en 1924 con un planteamiento del siglo XXI cuyo propósito es ser mucho más que un teatro y cuyos objetivos se nutren de un planteamiento dinamizador del barrio donde se asienta.
 
Los fundadores de la aclamada compañía, el director escénico Miguel del Arco y el productor Aitor Tejada, se han asociado con el actor Israel Elejalde –un fijo en casi todos los montajes- y el productor Jordi Buxó –que también venía colaborando con ellos desde Misántropo- para hacerse cargo de la gestión del Teatro Pavón. Se trata de una de las salas más atractivas de la capital por su ubicación, muy cerca de la Plaza de Cascorro, en pleno Rastro, y por su construcción, pues es el único edificio modernista dedicado a las artes escénicas que queda en Madrid. El Pavón. Teatro Kamikaze, que es el nombre con el que se ha rebautizado el espacio, aúna, según Miguel del Arco, toda la ilusión y también 'la inconsciencia' de la compañía.
 
Con el éxito que tenéis ahora, ¿había necesidad de meterse en este complicado jardín de llevar un teatro? Es verdad que es un poco locura, sí, pero… así es esta compañía. ¡Por eso nos llamamos Kamikaze! (risas). Decidimos tantear la posibilidad, en primer lugar, y aunque no teníamos un duro, por aquello de que todos en esta profesión soñamos con tener un teatro para hacer las cosas como a cada uno le gustaría hacerlas; en segundo lugar, como nos hemos convertido en una compañía casi de repertorio, sabíamos que teníamos funciones prácticamente para llenar toda esta primera temporada. ¡Y aquí estamos!
 
Habéis arrancado con Idiota, una moderna tragicomedia de Jordi Casanovas que dirige Israel Elejalde. ¿Cuáles son las aspiraciones artísticas de este nuevo Pavón?
Lo que intentamos es juntar lo mejor de los teatros públicos con lo mejor de los teatros privados. Los teatros públicos últimamente están adquiriendo una rigidez que no se corresponde con una realidad teatral que es cada vez más cambiante; en ese sentido, queremos ser un teatro flexible. Por otra parte, el teatro comercial en España parece que siempre ha mirado exclusivamente la taquilla, sin preocuparse demasiado de la calidad; nosotros pensamos que se puede y se debe arriesgar sin renunciar a ser comercial. Si tener un teatro lleno es ser comercial, yo siempre quiero ser comercial; pero creo que se puede llenar ese teatro apostando por autores y por dramaturgias que no tienen el sambenito de 'comerciales'.
 
Sin embargo, esas buenas intenciones las tienen casi todos los que empiezan gestionando un teatro. Luego, la dura realidad les obliga a programar lo que sea con tal de que salgan las cuentas. ¿Tal difícil es hacer que funcione un teatro privado? Sí, en muy difícil. Nosotros, por ejemplo, no tenemos ayudas de momento… aunque esperamos conseguir alguna en el futuro, y pagamos un alquiler muy caro, porque es un edificio histórico en el centro de Madrid. Para que te hagas una idea: un montaje como Hamlet, que podrá verse aquí a partir de marzo, nunca será rentable para la compañía, porque conlleva un gasto que el dinero de las entradas, aunque estuviera lleno todos los días, no podría cubrir. Se trata de poder equilibrar con otros proyectos más baratos, pero que tengan exactamente la misma calidad, como algunos de los que podrán verse a lo largo de la temporada: La clausura del amor, Juicio a una zorra, La función por hacer…
 
¿Aspiráis entonces a conseguir subvenciones o ayudas públicas? Sí, aunque todavía no sabemos bien cómo, porque ahora mismo no existe una fórmula para que un proyecto como este pueda recibir ayudas. Pero sí nos gustaría, por ejemplo, seguir los pasos del Teatre LLiure en Cataluña, y convertirnos casi en una fundación donde estén representadas las tres administraciones, Ayuntamiento, Comunidad y Ministerio. Eso sí, sin renunciar a un grado de libertad que es para mí absolutamente necesario.
 
En cualquier conversación, el público de Madrid expresa un deseo unánime con respecto a esta nueva aventura: 'Ojalá les vaya muy bien'. ¿Por qué tiene la gente tanta fe y cariño depositados en vosotros?
Bueno…, no lo sé. Es verdad que nuestros espectáculos siempre han conectado con el público, y para mí eso es fundamental. Y queremos que siga siendo así, que la gente venga al Pavón porque tiene una razón para ello; luego, lógicamente, unos espectáculos gustarán más y otros menos; pero creemos que la gente aprecia que hay siempre una calidad y un esfuerzo en el trabajo.
 

Kamikazes del asfalto