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Antonyo Marest. El mar sobre el asfalto 
 
Por Rebeca Queimaliños
 
Antonyo Marest utilizaba trozos de cartón para customizar los fuertes de Playmobil y doblaba las míticas piezas de plástico K’nex para que las construcciones encajasen en su imaginario. Una mente tan estructuralista sólo tenía dos bifurcaciones: psicópata o artista. Y fue la B. Empezó a pintar las paredes de su -diminuto y conservador- pueblo a los 10 años; nadie entendió su talento transgresor y se refugió en Dalí, La Bauhaus, la arquitectura de Victor Horta o las tipografías de Letraset.
 
Pero la clave fue descubrir al Grupo Memphis, un movimiento que reventó los cánones de la arquitectura y diseño industrial en los años 80 al ignorar el gusto del público y crear con absoluta libertad. 'Ese grupo antidiseño creaba cosas rompedoras, objetos que nadie pondría en su casa elaborados con materiales extraños y colores difíciles de combinar. Englobaba todo lo que me gustaba del arte'. Marest incluyó los colores del Mediterráneo y proyectó un imaginario tan particular como auténtico.
 
Un espacio artístico que en el que confluyen formatos, tramas, texturas y formas geométricas perfectamente alineadas. La obra de Marest es un viaje lisérgico a través del azul hasta conseguir ver el mar a través de sus puntos de fuga. Su obra está diseminada por la geografía española, pero os proponemos dos ‘hotspots’ en Madrid para introduciros en su obra: la puerta de nuestras oficinas -calle Flora, 2- y los muros de la Tabacalera -Glorieta de Embajadores-
 
Esencia del Mediterráneo · Lonja del Pescado · Alicante · Hasta el 28 febrero
 

Antonyo Marest. El mar sobre el asfalto