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Es posible llegar donde otros no han llegado, luchar por unos ideales, mostrárselo a otros y crear auténtica belleza bajo el agua. La prueba es el escultor, activista y fotógrafo Jason de CairesTaylor y otros que han seguido su estela. Hablar de arte bajo el agua es hablar de su obra, un increíble trabajo escultural repartido por todo el mundo, y de sus principios

El mar las quería desnudas. Los pechos al descubierto, una bandana en la cabeza y el taparrabos llamado fundoshi. Así trabajaban las ama, buceadoras a pulmón del Pacífico

El mar como paisaje, personaje, presencia… El cine siempre lo ha tenido en cuenta, a pesar de la máxima de un productor de Hollywood que declaró que una película en el mar era sinónimo de fracaso

No podría decir si mis primeras lecturas fueron cómics o novelas. Tampoco ayuda mucho que el primer recuerdo sean las Joyas Literarias Juveniles, las adaptaciones literarias que publicó Bruguera en los setenta. Por Christian Osuna

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Jardines de interior
 
Por Rubén Arribas  Ilustración Alba Blázquez
 
A veces desde lo alto, en la ventana, incluso levitando y otras tumbado, dormido o soñando sobre su manto pardo veo mi jardín. En él no hay rosas, ni claveles, ni siquiera tulipanes. Está lleno de arbustos silvestres, salvajes e ingobernables, como todos aquellos helechos de deseos y aspiraciones imposibles, amores idealizados, inventados, imaginados que crecieron con fuerza inusitada, pero nunca florecieron como la cornicabra, la jara pringosa, el romero o la retama, hasta aquel majuelo del primer beso, eterno en el borde del camino, de piel suave y lisa y brazos de fuertes espinas, sus pechos como lóbulos dentados y su flor infanta y blanca con un pequeño fruto comestible de un rojo encendido.
 
Mi jardín está invadido de plantas amantes efímeras pero de perfume perenne de las que se bebe pureza y se es siempre ingrato por naturaleza en el recuerdo. Un campo de espigas. La verónica, la violeta, la amapola y aquella ortiga que rozó mi corazón de un escozor tan agudo, penetrante e intenso como fugaz y traicionero en el tiempo. En mi jardín hay un castaño metáfora que se partió en dos para convertir su tallo en cobijo de tormentas, un alcornoque soneto que resucitó a un muerto, y también hay un pino verso en lo más alto, que rima con mis ausencias. De él se caen las piñas que recojo cada día para dar calor a mi existencia. Mi jardín no morirá mientras puedas contemplarlo desde el altozano. Porque allá donde mires, en cada persona, crece un jardín que permanece, incluso en su ausencia, sólo si alguien lo riega.  

Jardines de interior