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El tipo que ganó al azar
Javi de Castro
 
Por Paloma F. Fidalgo
 
Corría 1984. Michael Larson, vendedor de helados de día, pasaba las noches en vela frente a cinco televisores y un VHS, buscándole lógica al panel de premios del concurso Press Your Luck. ¿Ciencia matemática o suerte? Contra todo pronóstico, la encontró, y en una jugada maestra reinventó su suerte y la de la mismísima CBS, pulverizando los récords de premios al ganar 120.000 dólares. Javi De Castro, autor revelación del Salón del Cómic de Barcelona 2016, lo narra en su novela gráfica Larson, el hombre con más suerte del mundo (Modernito Books) con ritmo de thriller y dibujo limpio y eficaz.
 
¿Lo de Larson fue suerte o ciencia matemática? Ni una cosa ni la otra. Si tengo que elegir fue suerte, una suerte que no tiene nada de mágico. Pero sí que tuvo la suerte de estar obsesionado con los concursos y hallar una forma de ganar. La probabilidad es tan remota que queda fuera de cualquier estadística.
 
¿Qué patrón descubrió en los paneles de Press Your Luck para poder acumular ese bote insólito? Es difícil de explicar y en el cómic se entiende mucho mejor. Pero digamos que lo que todo el mundo pensaba que era aleatorio... no lo era. De hecho, es casi imperceptible y el trabajo que tuvo que hacer Larson no solo para encontrarlo, sino para memorizarlo, es inimaginable.
 
Y la CBS, desesperada. Una locura. El programa duró el doble a causa de que Larson no se plantaba y se dividió en dos episodios, supongo que en un intento por recaudar audiencia y ganar patrocinadores. El canal intentó por todos los medios evitar entregar el premio a Larson, pero no había incumplido ninguna regla y tuvieron que ceder. Eso sí, el programa cambió, probablemente en una época en la que no tendrían los medios para hacer el concurso aleatorio. Así que complicaron el panel haciendo casi imposible descifrarlo.
 
Jamás volvieron a dejar a Larson participar en un concurso, había golpeado con fuerza el sistema. Pasó a una lista negra, obviamente. Todas las cadenas se pusieron en alerta, a cualquiera le podía pasar y empezaron a revisar cada cláusula de reglamentos. Cualquier error o grieta que tuviese un concurso se intentó proteger o corregir a raíz del caso.
 
 
Y él se volvió ambicioso, se ofuscó con la idea de ganar dinero fácil y acabó convertido en un estafador. Yo, personalmente, creo que era ambicioso desde el principio. Pero es lo que pasa cuando llegas a un punto, que no puedes esperar menos. Si ganas una medalla de oro, la próxima plata te sabrá a poco. Así que sí, fue negativo, aceleró ese proceso de ambición. Es algo que, aunque no esté explícito en el cómic, se reflexiona al final. ¿Fue suerte? Pues igual sí, pero de la mala.
 
¿Cómo te documentaste para contar la historia con tanto detalle? La descubrí a raíz de un artículo hace muchos años y me encantó, era material para una narración muy emocionante. Me gustan mucho las historias de gente que encuentra una forma de engañar al sistema, como Atrápame si puedes, y las historias de tramposos. La documentación a partir de ahí fue muy exhaustiva, quería recrear una América de los años 80 real, no la que me puedo imaginar o he visto en las películas. Quería ser muy riguroso y todos los aparatos electrónicos, muebles, ropa, estilismos, etc. están sacados de catálogos reales de la época. Quería ser lo más fiel posible.
 
¿Por dónde irá la innovación en el cómic, serán todos de formato electrónico? No creo. Los primeros en caer serían los periódicos, y parece que ahí van a seguir, así que al cómic en papel aún le queda mucho recorrido. Aparte de que cada vez más se tiene como un objeto de coleccionista, casi un producto de lujo. Eso sí, en un futuro, probablemente el manga y el cómic más mainstream sí se consuman casi por completo en digital. 
 
¿Cómo han cambiado las herramientas para los dibujantes de tu generación respecto a las anteriores? En muchas cosas, trabajar en digital te permite asumir más riesgos, los medios de impresión actuales permiten hacer maravillas sin grandes costes. Pero destacaría sobre todo que Internet ha cambiado la forma de currar en cualquier parte del mundo. Yo, viviendo en León, no me quiero imaginar lo que me habría costado dedicarme a esto hace 30 años.   

El tipo que ganó al azar