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En Duendemad hemos conocido a Fernando Guallar antes del estreno de la segunda temporada de Velvet Colección de Movistar+. ernando hoy es nuestro personaje Duendemad.

El fotógrafo Javier Aranburu (con n, nos recalca) se ha paseado cámara al cuello por varios continentes, pero lleva quince años retratando nuestra ciudad en el proyecto You love Madrid. 

Una madre con su hija en brazos, una abuela sonriente, una joven asiática y una simpática pelirroja pecosa. Ellas han sido las protagonistas de los exitosos carteles de San Isidro 2018. Unas alegres ilustraciones firmadas por la ilustradora Mercedes DeBellard con quien nos encontramos en las inmediaciones de la plaza de Tirso de Molina.

Estamos de enhorabuena. Tras editar seis discos, colaborar en el programa radio "El Mundo Today" o haber participado en montajes teatrales, Maika Makovski nos vuelve a sorprender y se pone frente a las cámaras para convertirse en la presentadora de "La hora musa", un nuevo programa de La2 que contendrá “música, música y música”. 

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Ada Lovelace
La primera programadora
 
Por Javier Pedreira  @Wicho · Ilustración Nuria Cuesta
 
Por la época en la que nació Augusta Ada Byron, más conocida como Augusta Ada King, Condesa de Lovelace, o simplemente como Ada Lovelace, tenía todos los boletos para convertirse en una dama victoriana al servicio de su maridoPero su madre, Anna Isabella Noel Byron, a diferencia de lo que era habitual entonces, quiso que su hija recibiera una buena educación. Además, Ada era fruto de su desastroso matrimonio con Lord Byron, así que Anna, empeñada en hacer todo lo posible para que no saliera a su padre, dio especial importancia a las matemáticas en su educación para poner coto a la imaginación de Ada. 
 
No consiguió que la imaginación de su hija quedara aplacada –hay cartas de Ada que hablan de máquinas que le permitirían volar– pero sin embargo sí hizo que le encantaran las matemáticas, algo que Lady Byron fomentó a pesar de que algunas de sus amistades pensaban que podía tratarse de una rama del conocimiento demasiado exigente para el frágil cerebro de una mujer. Así que cuando en el verano de 1833 conocieron a Charles Babbage y este les habló de su Máquina Analítica, un ordenador a todos los efectos, a Ada no le costó nada ver la importancia y el potencial de ésta, lo que la llevó a ir interesándose cada vez más por ella, dando lugar a una relación de amistad con el inventor que duraría, con sus altos y sus bajos, hasta la temprana muerte de Ada en 1852. 
 
Durante ese tiempo Ada trabajó con Babbage en el desarrollo de las ideas de éste, siendo quizás el fruto más importante de su colaboración la famosa Nota G añadida por Lady Lovelace a la traducción, publicada en 1843, que hizo al inglés de un artículo sobre la Máquina Analítica del ingeniero italiano Luigi Menabrea. Esta nota describe un algoritmo para calcular números de Bernoulli con la Máquina Análitica, y por ello se considera a Ada como la primera programadora de la historia. 
 
Pero Ada veía mucho más allá que Babbage, pues mientras él las pensaba en sus máquinas sólo como herramientas para hacer cálculos ella escribió que:  'La Máquina Analítica podría actuar sobre otras cosas más allá de los números si encontráramos objetos cuyas propiedades pudieran ser expresadas mediante la abstracta ciencia de las operaciones [la programación de la máquina], cosas que también deberían ser susceptibles a ser adaptadas a la acción de la notación de operaciones y el mecanismo de la máquina… Suponiendo, por ejemplo, que las relaciones fundamentales en la ciencia de la armonía y de las composiciones musicales fueran susceptibles a estas expresiones y adaptaciones, la máquina podría componer elaboradas y científicas piezas de música de cualquier grado de complejidad o extensión'. 
 
Por distintos motivos, ninguna de las máquinas de Babbage llegó a ser construida, con lo que uno no puede menos que pensar lo que habría podido pasar si esto no hubiera sido así; quién sabe en qué mundo podríamos estar viviendo de haber dispuesto de ordenadores en la Inglaterra victoriana. Y faltó, quizás, muy poco para que esto pudiera haber sucedido. En una carta que Ada envió a Babbage en agosto de 1843 le propone encargarse de las gestiones necesarias para dar a conocer en público las posibilidades de la máquina y hacer las gestiones oportunas para obtener fondos del gobierno para seguir adelante con su desarrollo. Le propone, en términos actuales, algo así como convertirse en la directora general de la empresa que se encargaría de la construcción de las máquinas, mientras que Babbage sería el responsable técnico. 
 
Sin embargo, Babbage rechazó de plano la oferta de Ada, lo que es una verdadera lástima, ya que él no era precisamente muy hábil a la hora de explicar qué podían hacer sus máquinas ni de vender la idea y con el paso del tiempo cada vez menos gente estaba dispuesta a escuchar lo que tenía que decir. Así que hubo que esperar un siglo más a que la tecnología primero, y el mundo unas décadas más tarde aún, alcanzaran la claridad de percepción de esta «frágil» mujer del siglo XIX. Quizás fuera frágil de salud, pero desde luego no lo era de mente
 
Y es que el 15 de febrero de 1946 comenzó a funcionar formalmente el ENIAC, el primer ordenador moderno de la historia, que fue domado gracias a los esfuerzos de Betty Snyder Holberton, Jean Jennings Bartik, Kathleen McNulty Mauchly Antonelli, Marlyn Wescoff Meltzer, Ruth Lichterman Teitelbaum y Frances Bilas Spence. Conocidas como las chicas del ENIAC, estas mujeres fueron las primeras programadoras de la historia en trabajar con un ordenador de verdad, aunque su trabajo fue olvidado durante décadas. Pero eso es otra historia.   
 

Ella fue la primera programadora