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Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud
Leopold Museum Viena Foto Peter Rigaud

Nos vamos de viaje a Viena para visitar el rastro de Gustav Klimt, Egon Schiele, Otto Wagner y Koloman Moser con motivo del primer centenario de su desaparición.

Con el street food instalado en nuestra agenda de ocio gastronómico, los mercados de abastos se convierten en la mejor opción para disfrutar de una buena comida.

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Secretos y verdades de Álex de la Iglesia
 
 
Noche de luna llena. Tres parejas de amigos y otro más se sientan a cenar y a jugar a compartir en el grupo toda llamada o mensaje que les llegue al móvil. Se abre, así, una caja de pandora virtual, imparable y devastadora de secretos, infidelidades y mentiras. Es el argumento de Perfectos desconocidos, una comedia que arrasó en taquilla en Italia y de la que, ahora, Álex de la Iglesia estrena su versión en España el 1 de diciembre.
 
Tú no sueles hacer remakes y tus películas tienen un poso muy autoral. ¿Qué te enganchó de este proyecto? Solo había hecho un remake, que fue Los crímenes de Oxford. Con Perfectos desconocidos me encantó el guion cuando me lo propuso Paolo Genovese, el director de la versión italiana de la película. Es un ejercicio curioso poder ver una misma historia interpretada de dos maneras distintas, por dos directores. Cuando nosotros empezamos a trabajar en la película, todavía estaban empezando a rodarla en Italia. No solo hemos adaptado el guion a nuestra forma de ser, con gags o situaciones, sino también cambiado la propia estructura de la historia.
 
Le has incorporado ese humor negro y absurdo tuyo a unos diálogos que son el pilar fundamental de la película. La versión italiana es más dramática. Los diálogos lo son todo porque los actores lo son todo, no hay más elementos en la película que lo que ellos dicen y hacen. Por eso, el mayor de los trabajos era que esas conversaciones no sonaran impostadas y se integraran bien en el transcurso de la cena, que no fuera la típica película que rechina porque se dedican a hablar y no a comer, cosa que no queda realista.
 
También le has infundido un tono de terror muy tuyo, con tus planos aéreos y a partir del juego de los móviles, ese McGuffin del que hablaba Hitchcock como elemento argumental que desata impredecibles acontecimientos. Es como un cluedo, los personajes se encierran y aceptan jugar a algo que va a desvelar quiénes son, y eso, añadido a la sensación de que va a ocurrir algo terrible en una especie de ruleta rusa (hay un gesto explícito evocándola), basta para alimentar la tensión y el thriller.
 
Genovese utiliza una cita de García Márquez para explicar la esencia de la película: 'Todos nosotros tenemos tres vidas, una pública, una privada y una secreta'. Hoy, la secreta la guardamos en el smartphone, es nuestro inconsciente. Como dice el personaje de Belén Rueda en un momento de la película, el móvil ha pasado a ser una prolongación nuestra, como la cabeza o un brazo, y es peligroso dejarlo a su suerte encima de la mesa. Y luego está, al llevarlo siempre encima, la hiperconexión. Hay algo que plantea el personaje de Pepón Nieto en la película que creo que nos pasa a todos y a mí me incomoda especialmente, y es ese cambio en nuestras relaciones que conlleva que ahora tengamos la obligación de contestar a todo el mundo al instante. Antes nos movíamos en círculos de personas mucho más pequeños y con más holgura. 
 
 
Con el juego, se descubren los secretos de las parejas: hipocresías, dudas, mentiras… Pero también se revelan tabúes sociales relacionados con la homosexualidad, problemas que ha acarreado la crisis económica… La película no sólo va del riesgo que conlleva que tu mujer te mire el móvil, porque puede pillarte en mentiras. También habla de la cantidad de cosas que forman parte de tu vida y sobre las que no te apetece dar explicaciones porque es un engorro, cosas que tal vez ni siquiera tú mismo eres capaz de afrontar. Además, como muy bien refleja Zellig, de Woody Allen, tiendes a no comportarte de la misma manera con todo el mundo, pero esto lo están modificando las redes sociales. Son cambios que no podemos considerar ni malos ni buenos, simplemente necesitamos aún tiempo para acostumbrarnos a ellos. 
 
Hay más ficciones que están pidiendo esa racionalización en el uso de los móviles y las redes sociales. Un ejemplo muy claro fue Black Mirror. El primer episodio de la tercera temporada es básico, refleja la necesidad de sentirte valorado constantemente, dependencia de la opinión de los demás. Es también otra de las conclusiones en nuestra película: que el móvil y las redes sociales, pese a ser sociales, paradójicamente pueden ser otra manera de expresar la soledad. Muchas de esas fotos que subes a Instagram para tu hipotética comunidad de seguidores demuestran que estas aburridísimo y que no estás con nadie, y buscas la compañía e incluso la aprobación de los demás.
 
¿Tú has sentido alguna vez la tentación de mirarle el móvil a algún ser querido? No. Me identifico con el personaje de Eduard Fernández. No me da morbo, prefiero no enterarme de movidas y no llevarme disgustos. Basta de decir que tenemos que compartir toda la información cuando nos queremos. No es así. Hay cosas que no compartes precisamente porque quieres a la otra persona. La mentira bien entendida es absolutamente necesaria.
 
Ese reflejo de cuestiones sociales y políticas del que hablábamos es muy propio de tus películas. En tu cine ha quedado reflejado el lado grotesco de la sociedad española que hemos ido creando desde la Transición, especialmente en El Día de la Bestia. Te agradezco que lo menciones, porque sí hay una parte política constante en mi cine. No me gusta sentar cátedra, pero creo que cuando cuentas una historia la enmarcas en un entorno concreto, en un contexto social. Aunque mis personajes suelen pertenecer a una extracción mucho más baja que en este caso, en el que son gente con pasta. Aunque esto me ha facilitado contrastes como ese momento en el que ocurre algo que me resulta terriblemente molesto, y es que Pepón Nieto menciona que lleva cuatro meses en el paro, y sus amigos reaccionan dándole una lección con el pretexto de ayudarlo, pero en realidad más bien parece que intentan que viva según sus cánones. 
 
En los últimos meses, se ha abierto una veta más fuerte que nunca reivindicando la igualdad de género en el cine español. ¿Cómo crees que se van a interpretar los modelos de pareja que aparecen en Perfectos desconocidos? Espero que con naturalidad. En la película las mujeres llevan la voz cantante. Pero porque la historia lo pide, si la historia hubiera pedido otra cosa, habría hecho otra cosa. Me gusta, además, que esto sea así, que en la pareja entre Belén y Eduard ella tan dominante y en un momento dado lo siente a él. 
 
En medio de ese huracán de mentiras matrimoniales, solo parece haber una relación sincera, la de Eduard Fernández y su hija. ¿Será que esos vínculos lo soportan todo? Sí, y la conversación entre ambos es uno de los momentos más tiernos de la película. Yo le sugerí a Eduard que lo interpretara como si le estuvieran arrancando el hígado, porque el personaje está hablando de algo en lo que le va la vida, y tiene que hacerlo delante de una panda de gente que en ese momento le repatea. 
 
A Ernesto Alterio y Juana Acosta les has dado el toque histriónico que tienen muchos de los personajes de tus películas. La verdad es que todo el mundo es histriónico cuando se emborracha. En la vida real, nosotros establecemos los criterios de validación. Hay gente con la que tenemos relaciones contenidas, y por ejemplo nos limitamos a saludarla en el ascensor, cuando nos parecen personas terroríficas porque tienen una actitud terriblemente hostil y violenta. Me interesa mucho esa sutilidad de nuestras relaciones, que esconden todo un mundo de juicios de unos sobre otros.
 
Tampoco falta otra constante en tu cine: Madrid. ¿Es fácil rodar aquí? No especialmente. Pero a Madrid la entiendo, es donde me siento cómodo. Yo vivo aquí, y me gusta por lo destroyer que es. Es una ciudad donde todo es provisional, yo nunca he tenido intención de quedarme, estoy de alquiler. Y me gusta que sea abierta y no quiera agradar, que no intente ser bonita ni simétrica. Es un caos, la Gran Vía está construida con regla sobre un montón de casas pequeñas, y junto a edificios altísimos te puedes encontrar una casa que bien podría pertenecer a un pueblo de Castilla la Mancha. Perfectos desconocidos la hemos rodado en la zona de Alonso Martínez. En una escena finalmente descartada, los actores llegaban a bajar y se ponían en torno a la estatua. A pesar de todo, se percibe que es el centro de Madrid.
 
Pues es una pena el descarte. Ya hay varios iconos de Madrid asociados a tus películas, este habría sido uno más. Bueno, lo meteremos en el Blu Ray (risas).
 
¿Cómo ves la política de gasto que se le ha impuesto al ayuntamiento de la capital? Pues mira, en este momento, en torno a nuestra productora, en Chueca, están levantando las calles, y es lo mejor que nos podría haber pasado, porque eran impracticables y ahora resultará más cómodo entrar a ellas. Espero que puedan seguir trabajando en ese sentido.
 
¿Y la ciencia ficción, género del que tú eres adalid en España? Se habla de que la Ley Miró le asestó un golpe, en beneficio del cine de autor, del que no se ha vuelto a recuperar. Salvando todos los problemas que siempre tendrá todo el mundo (los que hacemos cine somos muy tuiteros y todos tenemos un montón de problemas combinados con una visión clarísima de las cosas), creo que en este momento la manera que tienen las instituciones de promocionar ambos tipos de cine está bastante equilibrada. El problema de la ciencia ficción es que es cara. Pero todo se está democratizando, todos tenemos acceso a cámaras para filmar. Si pretendes hacer La liga de la justicia, necesitas granjas de renders en Ámsterdam, en la India… Sin embargo, hay maneras distintas de trabajar. Dejémosle La liga de la justicia a los americanos y pensemos en cosas más nuestras.
 
Pero tú no tienes problemas para producir tus películas, ¿no? No me voy a quejar, soy un privilegiado. Los directores de cine no rodamos cuando queremos sino cuando podemos, y yo he podido levantar dos películas (El bar y Perfectos desconocidos) en un año. Seguro que no me vuelve a pasar.
 
La ciencia ficción y la cultura popular aquí no tienen el reconocimiento que tienen, por ejemplo, en Estados Unidos, donde se hacen seminarios de Stephen King en la universidad. En Estados Unidos tienen menos prejuicios sobre la cultura popular, aquí siempre nos hemos asustado de aquello que no entendemos. En el cine, es una cuestión endémica de un tipo de cine que se hace en Europa. La diversión y el entretenimiento parece que se la han pedido los americanos, y tú, para plantear algo distinto, tienes que ser muy listo. Es una especie de instinto de supervivencia.   

Huawei, cine y Álex de la Iglesia