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Gomaespuma: la broma eterna

Con su añorado programa de radio, Gomaespuma, los muy periodistas Guillermo Fesser y Juan Luis Cano marcaron una nueva forma de informar, divertir y despertarnos. En 2007 se apearon de las ondas al mudarse Fesser a EEUU, pero han seguido colaborando juntos. Recientemente llevaron al Teatro Calderón Nadie sabe nada, un espectáculo en el que repasaban sus tres décadas juntos. Los entrevistamos por primera vez en el tercer número de El Duende, a finales de 1998.

¿Nos felicitáis por nuestro cumpleaños? Guillermo (G):Claro. Os mandamos una felicitación muy felicitosa, estamos muy contentos de estar felices, enhorabuena por el esfuerzo de estos quince años. Juan Luis (JL):Espero que por lo menos estéis otros treinta… ¡Pero cobrad la revista!

Lo que también es gratis para el espectador es vuestra querida radio (menos la pública). ¿Cómo la veis en estos últimos años? G:Creo que la radio ha tenido una evolución muy triste hacia las fórmulas. Se ha valorado mejor que 45 personas escogidas al azar en la calle indiquen qué canciones merecen pincharse a que las seleccione un periodista. Pero lo que ocurre en Estados Unidos se repite después aquí, y allí ya se está invirtiendo esa tendencia. El Kiss FM estadounidense ya empieza a incluir a periodistas contextualizando las canciones y dándole personalidad a cada hora en antena. Y es que la gente reclama información. Y en cuanto a los medios online, la gente ya no paga por las noticias, lo cual me parece bien porque las puede encontrar en cualquier lado, pero sí paga por la opinión.The New York Times no sobrevive porque dé una noticia de Obama, eso lo hace Google News; sobrevive porque hay alguien con criterio, por ejemplo Kurgman, interpretando la realidad.

Alguna anécdota... JL:  Digna de recordar fue cuando nos pilló en Jerusalén el estallido de la última Intifada. Empezamos a oír ruido y pensamos que estaban de fiesta. Y eran tiros… Y en Tel Aviv, fuimos a entrevistar a Ehud Barak un mes de diciembre. Por aquel entonces, había un anuncio en la tele que decía: “Hola soy Edu, feliz Navidad”. Lo grabamos diciendo: “Hola, soy Ehud, feliz Navidad”. Y lo hizo, y lo utilizamos como indicativo todas las navidades.

¿Os censuráis mutuamente? G:Yo, cuando Juan Luis dice alguna inconveniencia, no le río la gracia para que no siga. Hemos tenido muchísima suerte de ser dos, porque hemos podido compartir tanto el éxito como los momentos lamentables. Ver un amanecer solo no tiene la misma gracia que verlo acompañado. Ser pareja tiene grandísimas ventajas.

¿Habéis cabreado a algún personaje público? JL:Probablemente. Pero tampoco creas que nosotros perseguimos el comentario crispante. Hemos huido de él en nuestro espectáculo Nadie sabe nada, porque la gente pagaba un dinero por venir a pasarlo bien, y no nos íbamos a poner a despotricar contra Blesa. Quisimos ser más surrealistas que realistas. Creo que cuando nos divertimos nosotros, lo transmitimos y divertimos así al público.

¿Os podéis quedar también con alguna entrevista? JL:Yo me quedaría con Eduardo Galeano. Es de esos a los que le decías la típica frase de “me quedaría con usted tres horas más”, pero se la decías de corazón. Fuimos a entrevistarlo a Montevideo, y aunque nos habían concedido una hora con él en el café Brasil, un café precioso, estuvimos todo el día e incluso mantuvimos la relación mucho tiempo después. También me quedaría con Enrique Morente, pero porque era amigo mío.

Mira que te gusta cantar, Juan Luis… Y ahora la gente canta menos, ¿no? JL:Uy, no lo dirás por mí. Cantar es maravilloso. Yo canto mucho y de todo: flamenco, copla… Pero Guillermo también canta, lo ha hecho en este espectáculo, lo cual constituyó una novedad.
G:La novedad no ha sido esa, la novedad habría sido que no cantara él. Es muy pesado, fíjate que a su hija le tenía que pagar para que lo escuchara. Dicen que si mueres y vas al cielo te está esperando alguien con arpa, y si vas al infierno, alguien con un acordeón. Y yo añado: con un acordeón y Juan Luis cantando… Es broma, en realidad cantar es lo único que sabe hacer.  

Texto: Paloma F. Fidalgo. Ilustración: Nuria Cuesta

Gomaespuma: la broma eterna