Joyas únicas
 
Por Laura S. Lara
 
Decía Jennie Kwon que 'una joya es esa pequeña cosa que tiene el poder de hacerte sentir único'. La diseñadora norteamericana se refería a quienes la lucen, no a quienes la hacen. Pero si pensamos en los creadores, artesanos, la cita recobra sentido.  
 
El mundo de la joyería es un mundo de artistas, de viejos y nuevos métodos, de puntos de vista que convergen y divergen, de conceptos, sensaciones y, sobre todo, de vocación. En continua lucha por acercar la joyería a las disciplinas artísticas, los orfebres de hoy son autores libres que buscan expresar ideas, transmitir emociones. Hace mucho tiempo que las joyas dejaron de ser piezas meramente ornamentales.

 
El artista José Antonio Giménez es tajante en este sentido. 'Hay que entender que la joyería actual no puede limitarse a los usos, costumbres y soportes tradicionales'. En su estudio, Sanserif Creatius, se consideran artesanos contemporáneos, y por esta razón no se casan con una disciplina u oficio determinado. 'Trascendemos de la cerámica al estampado textil, el vidrio soplado o los bolillos, pero también al grabado láser o al uso de materiales industriales reciclados, olvidándonos de los cánones artísticos y comerciales y buscando transmitir sensaciones y estados de ánimo. Ser artesanos en el siglo XXI nos obliga a trabajar con todo lo que tenemos alrededor con inspiración artística, aunque siempre realizamos vuelos cautivos, anclados con una cuerda al suelo, pues tenemos una concepción técnica que hace que nuestro universo objetual sea estético, pero también funcional', argumenta Giménez.
 
La clave de su trabajo es aportar soluciones realistas a problemas o necesidades actuales. De ahí salen piezas basadas en pictogramas folclóricos con aspecto de sello o camafeo, joyas de tierra de cultivo, complementos masculinos convertidos en obras de arte o intervenciones en objetos cotidianos, como cuberterías, que mediante el grabado se convierten en piezas únicas. Elementos colaborativos, souvenirs que se desencontextualizan de un periodo concreto del año, detalles infantiles que promueven comportamientos responsables y también obras decorativas, objetos funcionales a los que les aportan un nuevo valor.
 
'No esperamos a que nos pidan encargos, preferimos observar nuestro entorno y las relaciones sociales, y ver qué podemos aportar para mejorarlo', añade el artesano. Por eso realizan colaboraciones con otros artistas o incorporan sus técnicas a sus diseños e ideas de trabajo. 'Nos gusta mantener nuestro laboratorio en un perfecto caos creativo en el que la ansiedad de enfrentarnos a nuevos materiales, usos y procesos nos permita experimentar otros modos de relacionarnos con los demás'. 
 
Para Nacho Rojo, los encargos son su forma de vida. A su taller llegan cada día pedidos tan cotidianos como extravagantes. Desde jóvenes diseñadoras con muchas ideas, pero pocos conocimientos para ejecutarlas, a grandes firmas que solicitan su talento para mejorar sus diseños. El anecdotario de este artista da para un libro. 'Hace poco vino una mujer que quería una sortija con un diamante hecho con las cenizas de su difunto marido. Al parecer solo hay tres empresas en el mundo que se dedican a llevar a cabo este proceso tan complicado de convertir cenizas en diamantes', cuenta.
 
Nacho defiende el trabajo del artesano de toda la vida, de las técnicas más antiguas. La tradición es la base de sus creaciones, aunque también es experto en el prototipado de piezas para impresión 3D. 'Ayer y hoy, van de la mano, la esencia artesanal no se pierde mientras las piezas pasen por las manos del joyero'. Sus obras necesitan su propio tiempo de germinación, el 'camino a la perfección' necesario para que Nacho Rojo aporte ese algo que tanto atrae a sus clientes. Sólo hace 29 exclusivas unidades de cada pieza. Un número significativo para el autor.
 
Lo 'hecho a mano' vuelve a ser interesante, los métodos tradicionales y la singularidad del artesano empiezan a ponerse en valor en oficios casi olvidados con una visión renovada. La joyería que conocemos se reinventa y poco a poco se empiezan a contar otras historias. Las nuevas tecnologías, el diseño por ordenador, la impresión 3D, se fusionan con las viejas costumbres y hoy las oportunidades para diseñadores y artesanos son infinitas. Ahora bien, ser artífice en estos tiempos no es fácil.
 
'No lo es porque cualquier persona puede serlo, cualquiera que haga algo con sus manos es considerado artesano', razona Rojo. La única diferencia, según este artista, es la experiencia y la formación. 'Muchos de nosotros podemos tener una idea y ver un diseño. Saber qué pasos dar para llevarlo a cabo es lo complicado. Elegir los materiales adecuados, conocerlos, trabajarlos, pensar en cómo puede afectarles el paso del tiempo… Eso no lo hace cualquiera'. 
 
Son malos tiempos para los soñadores, pero siempre ha habido que buscarse las vueltas para vivir del arte. 'Los artistas y artesanos de hoy estamos obligados a buscar respuestas y dar soluciones. La libertad de expresión nos permite contar historias, quejarnos y reflexionar abiertamente. Salimos a la calle, interactuamos con los demás, con la ciudad, queremos saber lo que la gente desea y cómo piensa'. Studio Squina nace como un taller compartido para joyeros y creativos en el centro de Madrid (C/Huerta del Bayo, 15), y es la muestra de que de las crisis salen las mejores ideas.
 
Gimena Caram y Sandra Pampin han sabido crear un espacio para que los artistas puedan desarrollar sus ideas y proyectos en un lugar dinámico donde trabajar, aprender, debatir ideas y compartir conocimientos. Un Laboratorio de Joyería Experimental y de Diseño, con mayúsculas. 'Los talleres suelen ser lugares privados e íntimos, que esconden el hacer y la pasión de los artesanos. Espacios que cuentan la historia de los procesos creativos, la personalidad, técnicas y destrezas del artista, pero que habitualmente suelen estar cerrados.
 
Nosotras teníamos la necesidad de exponer nuestro taller como un lugar de diálogo entre el espectador y el artesano, de atraer a curiosos a las técnicas, procesos y experimentación que se generan dentro de estos espacios y ofrecer al menos una pequeña ventana para mostrar no solo la pieza sino nuestro trabajo; necesitábamos también crear un lugar de encuentro con otros joyeros y creadores, para discutir, dialogar y generar contenidos que pudieran ser una oportunidad para el diseño, la reflexión y el debate. En definitiva, salir de nuestro sitio y compartir lo que hacemos, que no es otra cosa que trabajar el metal y otros materiales con técnicas tradicionales y experimentales para componer piezas que tengan el cuerpo o vestido como soporte', detallan. 
 
El futuro de la joyería está por escribir, pero todo lleva hacia un equilibrio entre la técnica y el savoir faire para crear productos de calidad, novedosos y representativos de nuestro tiempo. 'Ese será el lugar que mantendrá el valor de lo artesano y los artistas en este siglo'.  

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