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Ideas del cantábrico con obsesiones a la gallega
Nacho Vigalondo y 
Cristóbal Fortúnez 
Por Henar Ortega
 
La receta para la creatividad es el Santo Grial de todos aquellos que nos dedicamos a tratar de sacarle brillo a nuestras ideas y de sacarlas a la luz. Con independencia de petarlo o no, lo que importa es otra cosa: quedarse con una sensación satisfactoria, y cumplir con el compromiso (propio o con terceros). Nos dieron la suya Cristóbal Fortúnez y Nacho Vigalondo en el encuentro De la inspiración divina al origen de las ideas: ¿dónde nace la creatividad?'.
 
Cristóbal Fortúnez (Santiago de Compostela, 1980) vive su vida entre diseños e ilustraciones, que son al mismo tiempo su pasión y su sustento. Es partidario de escoger el camino más difícil: 'cuando te pierdes encuentras cosas que merecen la pena', asegura. Cuando necesita inspiración camina y va apuntando ideas en una libreta. Una de sus fórmulas magistrales es la de probar y recombinar elementos de contextos diferentes para crear piezas con efectos únicos. De ahí su reinterpretación de la portada del Man Machine de Kraftwerk a base de machitos ibéricos tipo el Fary con una bandeja de calamares rebozados, o su recortable de los órganos vitales de David Hasselhoff para el Cuaderno Blackie Books, por poner dos ejemplos. 
 
Una de sus buenas costumbres es juntarse con gente que hace cosas y a la que admira. Y una de las malas es dejarse arrastrar por una aparente desidia frente a determinados encargos o proyectos. Una suerte de procrastinación que se interrumpe muy cerquita de la hora y fecha límites, y que en realidad ha sido un tiempo de afloración de ideas, asentamiento de conceptos y fabricación mental del prototipo. En resumidas cuentas, un tiempo en realidad fructífero, pero percibido como una vivencia angustiante.
 
Un secreto en su 'metodología': 'si no tuviera una lista interminable de tareas que hacer, viviría continuamente instalado en el vértigo', asegura. Obsesionarse un poco, aventurarse a decidir que la que tiene delante es la versión final y decirse a sí mismo: 'si lo voy a hacer igualmente, tengo que salir con esto YA'. Ante las críticas articula inconscientemente dos mecanismos: es muy sensible si lo que ha hecho no cumple con sus estándares de calidad, y le da todo igual si está muy orgulloso de lo realizado. ¿Una vía de escape para desconectar de toda esta vorágine mental? El ejercicio.
 
 
Nacho Vigalondo (Cabezón de la Sal, 1977) es cineasta y showman en general. Lo mismo está nominado a un Óscar o trabaja con Anne Hathaway que se sube a un escenario a hacerle los coros y bailes a Joe Crepúsculo. El desgarro, la pulsión y la pasión manejan la barca de este creador. Dice que recientemente se hizo un chequeo neurológico completo y el propio doctor dedujo de los resultados de sus análisis que es una persona muy creativa, que se enfrenta con una enfermiza antelación brutal a los problemas, y que tiene una gran capacidad resolutiva. 'Todo esto se suele ver como bueno en la sociedad pero yo voy a decir algo: es un infierno'. 
 
Afirma que uno de sus motores es, de algún modo, 'justificar la existencia a través de la coca hecha'. Y sobre el proceso… '¿qué proceso? La creatividad no es un proceso que se circunscriba a un marco espacio-temporal. Aquí vivo entre deadlines que son siempre trenes a punto de descarrilar y que no sé por qué ventana saltar, y tiempos ‘entreguerras’ en los que me busco otras actividades con las que desfogar mi vena creativa: charlas, conciertos, lo que sea…'.
 
Una de las fórmulas que niega con rotundidad (y cuyo descubrimiento más dice haberle hundido en la miseria): la de que a más trabajo y dedicación, mayor calidad en el resultado. Confiesa que cada una de sus películas surge de una crisis personal, y que el cerebro tiene mecanismos para entorpecerte el camino y no dejarte hacer lo que tienes que hacer. 'Es un caballo que me cabalga a mí'. Un vaivén por el que dejarse llevar… No hay manual de instrucciones.  
 
Salón Canino. Conocer los entresijos de las mentes y el trabajo de creadores a los que admiras es un lujo que La Casa Encendida de la Fundación Montemadrid pone al alcance de todos con su Salón Canino. Una cita que nace como prolongación de la revista cultural online CaninoMag. Son encuentros mensuales con charlas breves de expertos para desgranar un tema de la actualidad cultural desde distintos puntos de vista. 

Nacho Vigalondo y 
Cristóbal Fortúnez no conocen la inspiración