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En Duendemad hemos conocido a Fernando Guallar antes del estreno de la segunda temporada de Velvet Colección de Movistar+. ernando hoy es nuestro personaje Duendemad.

El fotógrafo Javier Aranburu (con n, nos recalca) se ha paseado cámara al cuello por varios continentes, pero lleva quince años retratando nuestra ciudad en el proyecto You love Madrid. 

Una madre con su hija en brazos, una abuela sonriente, una joven asiática y una simpática pelirroja pecosa. Ellas han sido las protagonistas de los exitosos carteles de San Isidro 2018. Unas alegres ilustraciones firmadas por la ilustradora Mercedes DeBellard con quien nos encontramos en las inmediaciones de la plaza de Tirso de Molina.

Estamos de enhorabuena. Tras editar seis discos, colaborar en el programa radio "El Mundo Today" o haber participado en montajes teatrales, Maika Makovski nos vuelve a sorprender y se pone frente a las cámaras para convertirse en la presentadora de "La hora musa", un nuevo programa de La2 que contendrá “música, música y música”. 

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A protestar al Teatro Lara

“Pensar una cosa, decir otra y hacer la contraria es un ejercicio de equilibrismo mental al alcance de pocos”. Es la síntesis A protestar a la Gran Vía, el nuevo espectáculo de Los Absurdos. O lo que es lo mismo, de Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía. O lo que es lo mismo, de una de las compañías más nombradas y renombradas del off madrileño. Fieles a su estilo, expresan su perplejidad con los esperpentos que se ven por ahí encadenando personajes y juegos de palabras, tan desternillantes como elaborados. Es adictivo y revelador. Es la lógica del absurdo.

¿Por qué protestar en la Gran Vía precisamente?

Alfonso: Pues porque es una vía grande, como su propio nombre indica. Y para qué vamos a andarnos con medias tintas, si se hacen las cosas, hay que hacerlas bien.

Patricia: Ya se sabe: "ande o no ande, que sea grande".

En general, la gente, ¿protesta demasiado o demasiado poco?

P: Lo de ‘demasiado’ es que es un concepto que se nos escapa a Los Absurdos. Ahí nos tocas la fibra. Se nos escapa tanto que le dedicamos un espectáculo entero (Demasiado al Este es el Oeste). Imagínate, un espectáculo entero dándole vueltas a lo que es demasiado y qué se esconde detrás de esa noción y, después de 300 representaciones, aún no lo tenemos claro…

A: Definir qué es 'demasiado' se nos antoja definitivamente demasiado complicado.

Bueno, pues, ¿somos más de protestar o de actuar en consecuencia?

P: Pues… sí, ¿no? Bueno, a veces sí y a veces no. La verdad es que muchas veces no. Yo diría que casi siempre no. Sí, definitivamente diría que no. O sea, sí que no. Que nunca no, vamos, lo que se dice un No rotundo.

A: Somos así, capaces de decir una cosa, pensar otra y hacer la contraria. Y por eso nos gustamos tanto.

¿Ser 'gente' es un orgullo o un motivo de preocupación?

P: El orgullo nos parece en sí preocupante y la falta de orgullo aún más preocupante si cabe, así que imagino que da igual lo que seamos. Estamos condenados a preocuparnos.

¿Cómo se os ocurrió esta obra? ¿Tuvo algo que ver con el 11M, el nacimiento de nuevos partidos políticos... Esas cosas?

A: Nosotros andamos siempre dando vueltas a la incongruencia humana, a la incapacidad para la autocrítica y la maestría para la crítica. A las pajas en los ojos ajenos, a la cordura de la incoherencia y la belleza de los absurdos. Y simplemente salimos a la calle y vemos, y observamos y tomamos notas. Y después nos observamos entre nosotros y tomamos notas también. Después las comparamos – las notas- y resulta que todos somos muy parecidos. Y a partir de esos parecidos empezamos a construir el discurso de la estupidez que nos inunda. Todo sale de nada en concreto y de todo en particular. De unos y otros. De lo más actual y de lo de toda la vida. Y poco más, de ahí sale este A protestar a la Gran Vía.

Los actores, ¿qué motivos tenéis para protestar en la escena española actual?

P: Bueno, más que protestar, que es muy saludable, lo que necesitamos es comer. Y eso hoy en día está un poco complicado. Es una época de mucho estallido creativo, de muchas propuestas, de mucha iniciativa y eso nos proporciona muchas posibilidades de subir a un escenario. Así que, por ese lado, encantados. El problema está en que el esfuerzo es proporcionalmente inmenso respecto al rendimiento. Y eso nos mete en un túnel que se estrecha demasiado y la salida se convierte en un embudo. Aunque imagino que no es nada nuevo.

Dais vida a varios personajes en una sola obra. ¿Cómo es eso entre cajas?

A: Pues una locura muy saludable. Hace de la obra A protestar a la Gran Vía casi un ejercicio de malabares y un reto cada día que nos encanta.

¿Os imagináis una obra vuestra que no sea una comedia de humor absurdo?

P: Bueno, en realidad no creemos que hagamos humor absurdo. Hacemos humor muy en serio de la cotidianeidad. Otra cosa es que esa cotidianeidad sea absurda. Pero es el mundo que nos ha tocado vivir.

A: Como decimos en la obra, “a cada uno le toca lo que le toca”.

¿Y os imagináis una obra vuestra que no juegue con el lenguaje, con las palabras?

P: Nos apasiona el lenguaje y sus caprichos. El lenguaje, al fin y al cabo, es el modo que tenemos de articular nuestros pensamientos, y para llegar a nuestra esencia es una vía perfecta de juego. Es una válvula fina por la que se nos ven las costuras. En la vida continuamente volteamos las palabras, sus significados, sus dobles sentidos, sus intenciones… Y eso nos entusiasma llevarlo a escena.

¿Creéis, en general, que tenemos poco teatro de texto?

P: No, hoy en día hay mucho teatro de texto, de gesto, musical, infantil, de adultos… Hoy hay mucho de todo. Después -obviamente- entre tanto pues hay cosas geniales, cosas buenas, cosas mediocres y cosas malas.

A: Nosotros simplemente esperamos ofrecer algo que nos gusta y nos define y diferencia. Y esperamos que el público lo aprecie como una de esas propuestas ‘buenas’.

Estáis en el Teatro Lara, donde además hacéis visitas guiadas. ¿Cómo son?

P: En realidad, es un espectáculo, La Bombonera de Don Cándido, en el que se invita al público a entrar a formar parte de la historia del Lara, a ser trabajadores por un día de ese teatro. Y para hacerlo bien qué mejor que conocer sus recovecos. Se convierte en un paseo por los rincones y la historia de un teatro con 137 años de vida. Una vuelta al pasado para mirar al futuro en una hora larga en la que todos los visitantes se sienten muy presentes.

A protestar a la Gran Vía. Hasta el 5 de abril. Teatro Lara (Corredera Baja de San Pablo, 15). www.teatrolara.com

 

Protesta en el Teatro Lara