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Pues resulta que todo termina cuando Miqui me propone que escriba su artículo y yo le digo que sí aunque ya no comprendo nuestra amistad, ni siquiera sé si su nombre real es Miqui —me pregunto quién tolera que lo llamen así—, e igual con su apellido, Valenciaga, Valenzuela… 

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Dramaturgia muy contemporánea

Por Paloma F. Fidalgo
 
Puede que tenga algo de movimiento de resistencia. En la era de lo audiovisual, del cine y las series en casa, no nos hemos desembarazado de un arte tan 'impirateable' y presencial como el teatro. Muy al contrario, las artes escénicas están en plena forma en España. Al menos en lo creativo, obviando, por esta vez, problemas sin resolver como la oportunidad y criterio de las subvenciones, el IVA del 21% en las entradas o la necesidad de refuerzo del hábito teatral en el público, ese que nos permitiría alcanzar llenazos constantes como los de Alemania.
 
Las producciones independientes se han multiplicado y conquistan no solo los teatros públicos –ya sabemos que los grandes colosos privados a menudo se rigen por conceptos teatrales un poco híbridos– sino también salas pequeñas, pero de gran nivel –aunque de todo hay, ojo-.  Como el excelente Teatro del Barrio de Madrid, por ejemplo; o la Cuarta Pared, que después de tanto tiempo mantiene intacta la calidad de su programación; o el Nuevo Teatro Fronterizo de Sanchis Sinisterra, aunque este último está en peligro de cierre, una mala noticia que se añadiría al desaparición de la Kubik. Mantengamos el tono positivo de este texto, pero clamemos por no dejemar que se desinfle esta escena off. Un teatro sin público no tiene sentido.
 
Aunque seguramente nuestro fuerte, el mayor icono ahora mismo en el territorio dramático español, sean los dramaturgos. Juan Mayorga, Alfredo Sanzol, Andrés Lima, Pablo Messiez, Darío Facal, Laila Ripoll, Paloma Pedrero, Denise Despeyroux, Pablo Remón o Pablo Gisbert han dado un volantazo a la tradición para escribir y dirigir con rompedoras formas dramatúrgicas y cierta inclinación, en muchos casos, por los textos realistas, incluso costumbristas de una manera nueva, así como para demostrar gran capacidad de revisitar los clásicos, como hace Helena Pimenta o hacen los del Teatro de la Ciudad.
 
Dentro de este último colectivo se integra Miguel Del Arco. Un primer espada entre estos iconos que, por cierto, acaba de encargarse, junto con Israel Elejalde, de la dirección del Teatro Pavón. Es toda una tendencia esto de que los actores se sitúen al frente de teatros madrileños, ya ha ocurrido con Carlos Sobera, que compró recientemente el Teatro Reina Victoria, o Santiago Segura y José Mota, que tienen entre manos el proyecto del Teatro de la Estación.
 
Jugando a las muñecas rusas, le pedimos a Miguel Del Arco que elija su propio icono emblemático de la escena española de hoy. 'Sin lugar a dudas, Nuria Espert', afirma. 'Acaba de recibir el Princesa de Asturias por su contribución a las Artes. Es una actriz superlativa, generosa, disciplinada, implicada y con una infinita capacidad de riesgo. Escogió textos de autores contemporáneos cuando hacerlo en este país podía llevarte directamente a la cárcel o a enfrentarte a la censura, y los llevó por todo el mundo. Ha sido empresaria, gestora, directora. Nuria es una de las personalidades más carismáticas y maravillosas que he conocido'. Ahí es nada. 
 
Yolanda Pallín, por su parte, nos replantea el propio concepto de icono. 'La cercanía resta ‘iconicidad', opina. 'Iconos para mí son Pinter, Kantor, Müller. ¡Beckett! Pero nos salimos del marco, en el tiempo y en el espacio”. Así, 'si ajusto la categoría 'icónica' y me acerco más a  los míos... No me puedo quedar con una sola persona o institución. Podría decir que el movimiento de salas alternativas... Pero me quedaría corta. ¿Y qué profesional elegir, por dios, cuando los hay tantos y tan buenos? Tantos admirados y tan queridos.
 
Si me hubierais pedido una lista.... Al fin, se lanza. 'Vuelvo a la cercanía y, sin rubor ni vergüenza, me quedo con Eduardo Vasco. Le admiro desde el día en que le conocí. Desde nuestra primera conversación, en unas escaleras de la RESAD, me di cuenta de que tenía un mundo de espectáculos que ofrecer. Confirma con cada proyecto su sólida carrera. Es inclasificable y atemporal; y, al mismo tiempo, clásico y transparente. Es lo que pienso; y tengo la suerte de que trabajo con él y es mi amigo'.
 
Aplausos para él y para esa reivindicación de los clásicos. Nos influyen, a veces incluso de manera difusa, sin que seamos conscientes de ello. En la misma línea, Ramón Paso, bisnieto de Jardiel Poncela y nieto de Alfonso Paso, reivindica la huella que ha dejado Adolfo Marsillach: 'Se trata del director por excelencia español. Todos lo que estamos en teatro a día de hoy tenemos una deuda con él. Marsillach hizo las cosas que a todos nos gustaría que se nos ocurriesen... nos lo reconozcamos o no'.
 
¿Y qué dice La Tristura, una de nuestras compañías con más proyección de futuro e internacional, y que ha representado un teatro más performativo al menos hasta su última pieza, CINE, que estrenaron en el pasado Festival de Otoño con un enfoque más narrativo? 'Vamos con una respuesta canónica. Nos parece increíble que nacieran como artistas en esta ciudad Rodrigo García y Angélica Liddell. Sentimos que son dos grandes mundos que se han desplegado delante de nosotros en los últimos 15 años. Creemos que no hubiésemos podido estrenar en el Festival de Otoño o en los Teatros del Canal si ellos no hubieran existido. Ampliaron los límites de lo posible'.  
 
Isidro Ferrer(Madrid, 1963). Premio Nacional de Diseño (2002) y Premio Nacional de Ilustración (2006). Se graduó en Arte Dramático y Escenografía antes de dedicarse a la creación gráfica. Ambas profesiones convergieron en su encargo de comunicar (de forma poética y magistral) las obras teatrales del Centro Dramático Nacional. La imagen de la página anterior fue creada precisamente para la programación de este centro para la temporada 2011/12.
 

Dramaturgia muy contemporánea