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Sebastian Neitsch. Quadrature

Sebastian Neitsch
Máquinas emocionales

Puede que algún día las máquinas dominen el mundo y subleven al hombre, y puede que artistas como Sebastian Neitsch hayan contribuido a ello. Creador de robots que reaccionan ante nuestra presencia y que hablan a través de la luz, distorsionador de espacios, modificador de chips. Un juego para poner en tesitura las emociones humanas. Bienvenido al futuro.

Hasta el próximo 24 de febrero se presenta en el Instituto Goethe de Barcelona tu obra Videomapping, ¿en qué consiste la instalación? Es una proyección de luz, el espacio tiene muchas columnas y la forma es muy interesante, por lo que he intentado jugar con ello, las gráficas están conectadas con micrófonos que cuelgan en el centro de la habitación, el sonido se traduce en imágenes, la idea es básicamente que uno crea su imagen proyectada, a través del sonido.
En la mayoría de tus proyectos trabajas con la luz, ¿por qué escogiste la luz como lenguaje? Si tienes un espacio y quieres cambiarlo, la luz es la mejor herramienta para hacerlo, mil puntos de luz modifican una habitación completamente, y si sólo uno cambia, cambia también la habitación. Si en un espacio a oscuras juegas con la luz, puedes jugar con las emociones del público, el efecto de la oscuridad total es muy fuerte, pero si lo llevas al extremo opuesto y llenas la habitación de luz, subes al público a un escenario, se convierte en el sujeto que actúa, incluso si no quiere, lo está haciendo.
Parece que siempre estableces una lucha entre el hombre y la máquina, o al menos siempre una interacción... No lo llamaría lucha exactamente... Nos rodeamos de máquinas que hacen exactamente lo que queremos que hagan, yo intento hacer máquinas que reaccionan sólo porque estamos ahí, no podemos decidir lo que hacen, como Scared Cube: es un cubo de luz que huye de ti, quiero intentar dar a las máquinas comportamientos que no son de máquinas.
¿Hasta qué punto tu trabajo depende de la reacción del público? Mucho, el proyecto, de hecho, no está terminado antes de ser exhibido, ya que en realidad no puedo saber cómo o si funciona hasta que interactúa con el ser humano. Por ejemplo Kinetic Chandelier SILKE tiene un comportamiento muy complejo, pero funciona si lo tienes en tu salón y convives con él, depende de tus movimientos, si te mueves rápido reacciona de una manera, pero en una exposición la gente sólo pasa y no se percibe su complejidad.
¿Te ha sorprendido alguna vez la reacción de alguien frente a tu obra? Si, por supuesto, con Scared Cube, cuando lo exhibíamos en Turquía fue completamente diferente que en Alemania, los alemanes no somos muy emocionales, ya sabes (risas) pero en Turquía, los padres sentaban a los niños encima del cubo mientras se movía y les dejaban ahí.
¿Qué significa para ti la oscuridad y la luz? Somos seres muy visuales, en un sentido técnico, cuando hay oscuridad no podemos ver, y la mayoría de las cosas las intentamos entender a través de la vista, con la oscuridad intento apagar al público: cuando toca un objeto y éste se apaga y la habitación se queda completamente a oscuras, creen que se ha roto y dejan de interactuar. En ese momento la máquina descansa, porque las máquinas necesitan respirar, la oscuridad es, por tanto, una pausa en la instalación. La luz es todo lo contrario, todo lo que pasa, pasa porque hay luz, si hay sonido en la obra, por ejemplo, lo hay cuando hay luz, si no hay luz no hay sonido.
¿Cómo es esa relación entre luz y sonido en tu obra? Hay varias posibilidades, que la instalación no tenga ningún sonido adicional, pero tiene su propio sonido, el de los motores, que muy interesante también, que tenga algún tipo de sonido, que no es música, sino un sonido que subraya las emociones que quieres crear, o como la instalación que está ahora en Barcelona, donde el sonido es parte de la obra, es la base de la instalación y hace que las demás cosas pasen.

Texto: Laura Aragoneses. En imagen: proyección Quadrature.

Sebastian Neitsch. Máquinas emocionales